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Berlusconi regresa al trabajo

lunes 11 de enero de 2010, 09:20h
Este lunes, el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, retomará el mando del país, tras permanecer alejado de la vida pública durante más de quince días para recuperarse de las lesiones de la agresión sufrida el pasado 13 de diciembre en Milán. La vuelta del Cavaliere parece oportuna y necesaria ya que, para este 2010, Italia se enfrenta a desafíos y reformas improrrogables e ineludibles.

En primer lugar, el Gobierno de Silvio Berlusconi deberá realizar una meditada reforma tributaria y una política económica eficaz. Al par de España y de gran parte de los países de la UE, Italia se encuentra en una preocupante posición: perdida de puestos de trabajo (la tasa de desempleo más alta desde 2004), aumento del déficit público y evasión fiscal. Por eso hacen falta atentas medidas que consigan detener la preocupante crisis económica y lanzar la economía nacional.

Secundariamente, resulta necesaria una reforma de la Justicia que vaya más allá del debate político y de la instrumentalización del tema. Pese a contar con una Magistratura muy preparada que, en el pasado reciente, ha ofrecido pruebas de valor e integridad, su papel resulta fuertemente puesto en discusión. Sin embargo, su reforma no debe convertirse en un “escamotage” del jefe del Ejecutivo para escaparse del poder judicial utilizando el legislativo. En un país europeo como Italia, se debe abogar por la primacía del Estado de derecho sobre cualquier otro derecho. Por eso, se trata de agilizar el sistema, evitar burocratismos y actuar una reforma que respete las reglas del Estado de Derecho y las normas validas en el interés de cualquier ciudadano sin privilegios.

Consecuentemente, el Gobierno debe evitar cualquier tipo de acción orientada a la reducción de la libertad y limitar los frecuentes ataques contra los medios de comunicación críticos con su gestión del poder. La libertad de prensa y de expresión, características fundamentales de una democracia, deben ser garantizadas, considerándolas un derecho inderogable e incuestionable.

Finalmente, el Gobierno Berlusconi debe plantear una reforma de las instituciones, pensada en el interés del país. Debido a la importancia y gravedad del tema, Berlusconi debe apostar por el diálogo con la oposición para pactar reformas institucionales y en la Constitución. Italia necesita una política fuerte y decidida, que gobierne para el interés colectivo e impulse las necesarias reformas para salir de la crisis y mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos. Es evidente que, de una Italia fuerte y bien encauzada en el camino de la recuperación político-económico, se beneficiará toda Europa.

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