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Ciudad de México: Capital Iberoamericana de la cultura 2010

Marcos Marín Amezcua
martes 12 de enero de 2010, 17:13h
La candidatura correspondiente al importante año 2010 para ser capital iberoamericana de la cultura, lanzada por el gobierno de la Ciudad de México, fue la ganadora superando a Brasilia y a Caracas. No es cosa menor tan importante conjunto de actividades culturales asignada por la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas (UCCI). Y sin embargo, al gobierno de la capital mexicana le amanece el año 2010 sin una clara idea de qué hará con su compromiso internacional. ¿La culpa? El sectarismo del alcalde Marcelo Ebrard o la ineptitud de sus subalternos. A escoger.

La capital mexicana apenas si empalma ser la sede iberoamericana de la cultura únicamente en el calendario, y sólo allí, con las conmemoraciones patrias de 2010. Esto debido a que en el muy señalado año 2010 con las conmemoraciones del Bicentenario de la Independencia Nacional y del centenario de la Revolución Mexicana, el alcalde de Ciudad de México prefiere ir aparte. Ir aparte en dos direcciones: montando sus propias celebraciones patrias y para sobrellevar esta candidatura ganada. Ambas con sus propias capacidades y recursos, sin más apoyos del gobierno nacional, al rechazarlos.

Cuando su gobierno recibió la sede, su secretaria de cultura –la responsable directa de organizar la agenda de la capitalidad iberoamericana– desmarcó de inmediato y de forma irresponsable al gobierno capitalino al que representa, de todo lo que el gobierno federal mexicano quisiera organizar por su cuenta para 2010, suponiendo que quisiera hacer algo en particular para la capital mexicana con relación a dicha sede, deslindándose casi de forma arrebata de empalmar ni por error, tal designación con cualquier acto que el presidente de la república emprendiera con miras al importante año 2010. Craso error, como es evidente. Al hacerlo, renunció a los apoyos federales que pudo haber alcanzado en todos los órdenes, superiores a los propios en todos los aspectos. O al menos no se reconoce que los han recibido.

Aquí entre nos amigo lector, le contaré, ahora que nadie nos lee, que en el fondo lo que hay es que el partido político del alcalde no le perdona al presidente Felipe Calderón que su partido derrotó al candidato López Obrador en 2006. La que pierde en tal rencilla política como es lógico, es la Ciudad de México.

En tanto el gobierno federal es el principal promotor de los festejos centenarios en el ámbito nacional e internacional, con los que pudo impulsar de manera certera y con grandes alcances esa capitalidad cultural, el alcalde con sobrada cortedad de miras ha inventado fechas ficticias para no empalmar actos capitalinos con los federales, ha inventado monumentos sin raigambre y tradición para exaltar su propia visión de los sucesos a conmemorar en 2010. Pero ha sido una carrera torpe y sin lucimiento para la capital y dudosa en pro de su imagen personal. Nadie lo secunda en el país. Va solo en su empeño. Y ahora el alcalde da muestras preocupantes de no contar con una agenda clara de cara a esa sede buscada y obtenida por su gobierno; amenaza ser y con limitarse a dos o tres cositas sin empuje ni difusión ni trascendencia alguna, que hicieran más atractiva a esta ciudad de millones; que hicieran memorable haber sido capital iberoamericana de la cultura ¡en 2010! y en donde más que dinero, se necesita tener la visión y las ganas de hacer algo trascendente y no usarla de simple pasarela del alcalde y su despropósito y capricho de confrontarse con el gobierno federal, como ha venido sucediendo. Y todo porque quiere ser presidente.

Se queja de falta de presupuesto, pero no se sabe de un cabildeo interesante de su parte para afrontar este compromiso. Qué lastima perder así tan excelsa oportunidad. Cuánta falta de pericia y de talento. Cuánta torpeza a la vista, cuánta mezquindad de su parte. ¡Cuánta ignorancia e incapacidad para proyectar a la Ciudad de México en su ámbito natural: el iberoamericano!

Estamos en enero apenas, dirán sus corifeos. Pero no es escusa, una sede cuando es seria, anuncia con detalle sus procederes desde mucho antes de iniciar el tiempo de festejo. No espera a que le caiga encima el calendario ni improvisa como ahora lo parece. Vamos retrasados, en el mejor de los casos. Lo que hay de parte del alcalde son falta de ideas y de voluntad. Debería iniciar contándole el proyecto a sus propios ciudadanos con sobrada antelación. No es el caso, no lo ha hecho, pues no existe.

Pero siendo este alcalde, Marcelo Ebrard, de signo político distinto al gobierno federal, parece no preocuparle esa resta de apoyos y recursos federales. Asume un proyecto que gracias a su incapacidad y a su protagonismo, está sin agenda clara ni promoción. De insistir en proceder de esa manera, la Ciudad de México perdería antes que ganar los reflectores mundiales y sin articular cosa alguna con el gobierno federal, esto ya pinta para fracaso, para mediocre escaparate y un gris desarrollo de esta sede obtenida; amén de que ya es visible el mostrar una severa incapacidad de cuadros, de negociación política y de proyección. Ebrard parece olvidarse de que la Ciudad de México es la capital de la nación y la UCCI aboga por capitales iberoamericanas. ¿Qué quiere, pues?

Empero, hay una coartada de Ebrard, una respuesta a su ineficiencia: que sea capitalidad “ciudadana”, quizás. Poco presupuesto, pocas ideas. Eso significaría. Tal y como anunció que manejará los festejos del Bicentenario en la Ciudad de México sin los apoyos federales que rechazó, mal negoció o que se negó a gestionar.

Muchos ciudadanos si siquiera están informados de la sede ganada. No hay agenda, no hay proyecto capitalino al respecto. Oteando en internet uno encuentra boletines de prensa de diversas agencias y del propio gobierno del Distrito Federal que solo reproducen las mismas palabras y buenos deseos de asumir la sede, sin concretar nada y ya se está yendo enero de 2010. Por supuesto no hay promoción previa a ella y ni siquiera en sus calles. La jefatura de gobierno del Distrito Federal hizo alarde de la llegada de 2010 como contrapunteo a los festejos patrios del Gobierno Federal, pero de ninguna manera como promotora iberoamericana de nada.

Es una lástima esta falta de visión, esta improvisación fatal por parte del gobierno de la Ciudad de México. Sus plazas y avenidas nada han dicho de tal asignación como capital iberoamericana de la cultura. Quizás mañana ya lo hagan, pero se habrá perdido tiempo valiosísimo en promover algo interesante para atraer turismo a la capital mexicana, para ver algo más que valga la pena, objetivo primario del que tanto se ufanan sus gobernantes. Eso sí, hasta se avisa de cómo cerrarán tal sede el 31 de diciembre de 2010. ¿Y al bienvenida cuándo fue? Qué torpeza y qué falta de visión.

Uno termina preguntándose si el Jefe de Gobierno del Distrito Federal tiene conciencia de la importancia de la designación que buscó su gobierno, si no la está usando sólo como relumbrón o pasarela y si está dispuesto a enlazarla con toda Iberoamérica y no únicamente con alcaldes de ciudades o con países gobernados por la izquierda, como sectariamente viene haciéndolo él y su partido, el PRD, cuando se trata de enlazar y exaltar allí la iberoamericanidad, que la somos todos, la que por derecho y más allá de partidismos estériles y divisionistas, le corresponde jugar a la Ciudad de México.

Iberoamérica es diversa y debe ser vista como incluyente y así ser representada en México; ejemplo que debe poner el gobierno de la Ciudad de México si presume de ser tan de izquierda y tan progre. No se ve que lo sea en este tema. Solo se avisan apoyos a esta sede provenientes de Venezuela, Cuba o Bolivia. ¿No vendrán manifestaciones culturales igual de valiosas, pero de signo político distinto como Colombia o Panamá? Qué lástima, qué mezquindad y qué manera de atropellar la hospitalidad mexicana de reconocimiento mundial. Qué manera de empobrecer un proyecto cultural que nos pertenece a todos los iberoamericanos y no al partido que gobierna Ciudad de México; proyecto usado sólo como pasarela de quien quiere ser presidente de México. No se vale eclipsar así la fuerza y la importancia de la capital azteca.
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