Fomento despega
miércoles 13 de enero de 2010, 03:05h
El temporal de lluvia y nieve que azota estos días España ha dejado como aspectos positivos el incremento del agua embalsada en los pantanos y un mejor funcionamiento de las distintas administraciones públicas ante las inclemencias meteorológicas. Nada que ver con el caos que se vivó hace apenas un año, cuando Magdalena Alvarez, a la sazón ministra de Fomento, sacó a relucir toda su incompetencia y malos modos ante el desbarajuste que provocó una tormenta de nieve en la capital. Su sucesor en el cargo, José Blanco, parece haber aprendido la lección. Tan es así que la Comunidad de Madrid ha llegado a reconocer el buen hacer de Fomento a la hora de coordinar esfuerzos; reconocimiento que ha sido recíproco por parte del Ministerio hacia la Comunidad. Tal aquiescencia de parabienes no suele ser habitual en la política española, por más que debiera suceder más a menudo. En cualquier caso, justo es reconocer que la labor de José Blanco al frente de Fomento está teniendo más luces que sombras.
Con todo, el reto a que ha de enfrentarse ahora es bastante más complicado que el de una simple nevada. Efectivamente, la gestión de los aeropuertos españoles arroja un saldo claramente deficitario. Puede que no le falte razón al ministro al señalar que el elevado coste de la navegación aérea en España se debe a la baja productividad, así como a la limitada capacidad aérea de Aena para mejorar “el deficiente sistema de organización de trabajo”. Cierto. Y bien está que se adopten medidas para optimizar los procesos de gestión. Pero en lo que Blanco puede haber pecado de demagogia es en la cruzada que ha iniciado contra los controladores aéreos. En este sentido, cabe destacar que el sistema que pretende implementar para aeropuertos con escaso número de operaciones ya funciona con éxito en Estados Unidos y otros países europeos. Así pues, la reducción del número de efectivos físicos, allí donde su presencia no sea imprescindible, no parece una mala opción. Tampoco el hecho de racionalizar un gremio, el de los controladores, muy sobrevalorado económicamente y que debe afrontar con urgencia un proceso de racionalización en su política laboral y retributiva. Pero parece un tanto exagerado cargarles a ellos con las culpas del elevado coste de la navegación aérea, así como del déficit de Aena.
Que José Blanco haga lo que tenga que hacer en Aena y con los controladores, que de momento va bien. Pero que no caiga en la tentación de poner en la picota a un colectivo cuyo único delito ha sido el de aprobar una oposición para llegar donde han llegado. Además, está el hecho de que el titular de Fomento se muestre reacio a disgregar la gestión de los distintos aeropuertos españoles, asunto nada baladí y que está quedando disimulado por la anécdota de los controladores. El Gobierno no debe ceder ante esta vieja reivindicación nacionalista que, de prosperar, haría que aspectos tan sensibles como Aduanas o la seguridad con mayúsculas quedasen seriamente comprometidos. Y eso sí que es importante.