El poder según los Kirchner
Enrique Aguilar
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enrique_aguilarucaeduar/15/15/19/23
miércoles 13 de enero de 2010, 18:41h
Entre las múltiples expresiones que dieron título a la serie de notas periodísticas motivadas por el último arranque de arbitrariedad de los Kirchner, la empleada por Enrique Valiente Noailles me pareció particularmente elocuente: "Una orgía de ilegalidad".
Refresquemos los hechos. La presidenta Cristina Kirchner resolvió destituir de su cargo al presidente del Banco Central mediante un decreto de necesidad y urgencia incurriendo, por ende, en una violación de la Carta Orgánica de esta entidad monetaria que exige a este propósito la consulta previa al Poder Legislativo.
¿El motivo? La negativa por parte Martín Redrado, presidente del Central, a hacer entrega al Poder Ejecutivo de 6.500 millones de dólares destinados a crear el denominado Fondo del Bicentenario con el cual, supuestamente, se habrían de pagar vencimientos de deuda pese a que este egreso ya estaba contemplado en el presupuesto 2010 aprobado por el Congreso. De ahí la generalizada sospecha de que la intención subyacente no era otra que la de apropiarse de esos recursos para poder volcarlos a gastos discrecionales antes de las próximas elecciones. Que la jueza María José Sarmiento, que fue quien dejó sin efecto tanto el decreto que removió a Redrado como el que creó previamente el Fondo, fuese intimidada con la presencia de un móvil policial en la puerta de su domicilio sin que hubiese solicitado custodia, no hizo sino agravar la situación y abrir cauce a un inminente conflicto de poderes.
Como quiera que sea, se trata de un capítulo más en la saga de los Kirchner. Así conciben el poder, así lo ejercen. Las normas constitucionales, los frenos y contrapesos, la independencia de la justicia, la libertad de prensa, el derecho al disenso son para ellos puros formalismos. Nada que tenga que ver con los verdaderos objetivos de la política que se identifican con la acumulación del poder a cualquier precio y la obediencia sin trabas.
El desprecio por las normas, la ausencia de todo sentido del límite, la obscena incapacidad de convivir con el que no se somete, la exclusión, añadiría Alain Finkielkraut, de "la categoría misma de lo imposible" o bien el triunfo de la voluntad "sobre todas las modalidades de la finitud". Esta es la fórmula que emparenta a los Kirchner con todos los regímenes autocráticos, la del poder entendido como omnipotencia.
Pero nosotros, para concluir también con Valiente Noailles, tenemos parte de la responsabilidad. Por nuestra inacción e indiferencia, o aun por el cinismo de "los que conocen perfectamente la ilegalidad de lo que apoyan". Ojalá algún día reaccionemos. Mientras tanto, en la antesala de su Bicentenario, la Argentina continúa en deuda consigo misma y sin futuro.
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Politólogo
ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina
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