Reflexiones en el abismo
miércoles 13 de enero de 2010, 18:46h
Como en pornográfica pose cinegética Rajoy se retrataba ante la cola del paro, como aquel cazador que quiere inmortalizarse junto a la presa que acaba de dar muerte, trofeo de la estulticia de quienes nos gobiernan. Ciertamente el gesto resulta un tanto obsceno, pero lo creo legítimo ante la actual situación. Si de algo puede servir este truco efectista para que el ciudadano sea consciente de lo trágico del momento, no mostremos reparos.
Qué toda la cohorte de asesores del Presidente le muestre las manos hábiles del cirujano, que conoce los puntos adecuados en los que realizar los cortes que puedan dar buena muerte al cónsul derrotado. Pero como en tantas ocasiones el cesar deificado rechaza el buen juicio de sus subordinados y dispone de tropas y recursos que ya no existen, dibujando un mapa ficticio de lo que nunca será. Sin duda la misión del elegido es complicada. Cómo hacer ver al pueblo lo vital de su gesta. Quizás por ello el Presidente se rodea de nuevo de sus aduladores de los que saca sus mejores ideas, para llegar a la solución más obvia, debo presentarme de nuevo candidato, cuatro años más, eso es, hasta 2016, mi proyecto se habrá hecho realidad completamente. Las masas me seguirán hasta el desastre si es necesario.
Qué más da si escalamos puestos en el Índice de Miseria, si la calificación de la deuda se desploma, si la economía se gripa. Dadme otro juguete que destrozar, mi coche oficial y mi pensión vitalicia, mientras finjo una postura de entendimiento y seriedad a la vez que hago gala de mi estudiada sonrisa. Demos más de ese dinero que no tenemos para aliarnos con todo aquel que quiera destruir un poco más la nación, compremos favores de aquellos que legítimamente quieran su porción de poder. Ya lo dijo Rousseau, igualdad. Qué importan los meritos y capacidades, cualquiera que sepa como arrimarse está predestinado a las más altas instancias. Busquemos viejas heridas del pasado, avivemos antiguos temores, hagamos herederos del horror a quienes nos discuten. Nuestros son los frutos de la ignorancia.
Porque en realidad no es culpa mía que el pueblo no colme todas sus aspiraciones, las cuales yo dicto como adecuadas. El obstáculo para la prosperidad es una oposición cicatera cuyo siniestro plan de acción incluye el total fracaso de nuestras iniciativas. Si mis políticas no son efectivas se debe a que la obtusa oposición las torpedea. Yo, que en mi infinita indulgencia y paciente disposición, les he tendido la mano para ayudarles a comprender, he sido rechazado como vid que se resiste al sol. Si ellos pudieran comprender como yo lo hago, nada se resistiría, todo se lograría. Se da demasiada importancia a las cifras, a los presupuestos. Y es que la economía es un estado de ánimo, todo se percibe erróneamente ahora, pero gracias a mi, el mundo recuperará el optimismo. En realidad las cosas no tienen dueño, la Tierra no pertenece a nadie salvo al viento.
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Abogado
CARLOS LORING es licenciado en Derecho, diplomado en Gestión Empresarial, y MBA en e-Business por la Universidad Pontificia de Comillas (ICADE)
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