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El precio de la seguridad aérea en Europa

viernes 15 de enero de 2010, 02:56h
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York contra las Torres Gemelas marcaron un antes y un después en la seguridad aeroportuaria. Desde entonces, los controles en los aeropuertos se han convertido en un tedioso y enojoso peaje que todo aquel que vuela debe estar dispuesto a pagar. Desde entonces, hay que estar en los aeropuertos con mucha más antelación de lo que antes se hacía y soportar una serie de molestias que, en ocasiones, rebasan el límite de lo tolerable. Pero a raíz del atentado fallido llevado a cabo por un ciudadano nigeriano cuyo propósito era hacer estallar en pleno vuelo un avión con destino Detroit, dichas molestias irán a más. Hasta el punto de utilizar escáneres de última generación para evitar situaciones como la anteriormente descrita.

El problema de estos aparatos es su presunta invasión en la intimidad de los viajeros, lo que ha hecho levantar ya las primeras voces de protesta. El ministro español de Fomento, José Blanco, se ha manifestado a favor del uso de estos escáneres, así como el de toda tecnología que redunde en beneficio de la seguridad colectiva. Blanco seguía así la pauta esbozada por muchos de sus colegas europeos en el sentido de dar máxima prioridad a la seguridad aérea. No es un tema baladí. Al Qaeda ya ha mostrado sus cartas en los atentados de Nueva York, Madrid o Londres, y otro tanto sucedió el otro día en el vuelo Amsterdam – Detroit. Poner todos los medios posibles para que tales cosas no vuelvan a repetirse es tarea prioritaria de todos los gobiernos de la Unión.

Pero al mismo tiempo, han de tenerse en cuenta dos factores de suma importancia: dotar un marco legal que regule tanto la utilización de los aparatos de vigilancia como el posterior tratamiento que se de a las imágenes obtenidas y, sobre todo, armonizar una postura común a los 27 Estados de la Unión. Es mucho lo que está en juego como para que cada país disponga protocolos diferentes, que redundarían en un serio menoscabo de la seguridad colectiva. Es evidente que sería deseable que nada de esto tuviera que implementarse y que viajar fuese tan fácil como hace unos pocos años. Pero, por desgracia, eso es imposible a día de hoy, y no conviene cargar las tintas sobre quienes velan porque montar en avión sea seguro, sino contra el verdadero culpable, que no es otro que el terrorismo islámico. En este sentido, la mayor seguridad para los ciudadanos consiste en perseguir a los terroristas donde se encuentren, de tal forma que tengan que dedicar a su propia protección el tiempo y los medios que ahora emplean en atentar contra nosotros
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