Haití, siempre en el corazón
lunes 18 de enero de 2010, 21:52h
Han pasado ya varios días de la tragedia y no deseamos que esta se borre de nuestros ojos, pues hemos tenido, tenemos y tendremos siempre a Haití en nuestro corazón. Ese país, que no es solo negro por el color de sus habitantes, está ahora más oscuro que nunca. Miles, decenas de miles de muertos y centenares de miles de damnificados nos hablan, una vez más, de cómo la tragedia se ceba con los pobres. Los ricos ahora miramos a ese país con solidaridad necesaria y enviamos ayuda, porque muchas veces necesitamos limpiar nuestras conciencias al permitir que existan hombres, mujeres y niños que no es que malvivan, es que ni siquiera llegan a ese estado.
Llevamos a Haití siempre en nuestro corazón. Tuvimos la fortuna de viajar allí, repito fortuna, y conocer a una sociedad que vivía, que vive, y que ahora ha muerto, sin nada. El Nuncio de la Santa Sede en Puerto Príncipe, Monseñor Bernardito Auza, nos comunicaba, el pasado jueves, la muerte del Arzobispo de Puerto Príncipe, Monseñor Serge Miot, en su Catedral, destruida completamente, así como las muertes centenares de sacerdotes y seminaristas. A alguno de ellos, seguro que les conocía personalmente y por eso considero que han sido mártires de su misión, porque Haití es tierra de misión y ahora más que nunca.
Hace unos días se ha hecho público un documento de la Unión Católica Internacional de Periodistas,”Medios para la Justicia Social y Económica” que creo muy importante, pues los periodistas tenemos la responsabilidad de asegurar que la justicia social y económica en el mundo predomine con el objetivo de eliminar los conflictos, las guerras y otros desastres. La mayoría de los pueblos viven en condiciones infrahumanas, mientras que la minoría parece vivir bien. “Si nuestro mundo- reza el documento en cuestión- continúa de la misma manera como lo ha venido haciendo durante los últimos años, la crisis financiera puede ser solamente la punta de un enorme iceberg que abraza los sistemas económicos, políticos y sociales mundiales. Por tanto, es necesario que movamos nuestros cimientos de la base del iceberg a una base sólida sobre una roca”.
O lo que es lo mismo, tenemos la obligación de denunciar las injusticias. Las de Haití se han denunciado en numerosas ocasiones, pero parece que solo cuando hay una desgracia como la de la semana pasada, cuando nos concienciamos un poco, “solo un poco”.
Lo que está claro, es que nadie puede enriquecerse a expensas de la pobreza del otro. Este es probablemente el mayor desafío que cada uno tiene que afrontar, viva donde viva. Nuestra responsabilidad como periodistas es movilizar a los medios, a los líderes mundiales, para que la justicia económica y social reine incluso en países que tenemos olvidados, como Haití, que antaño fue almacén y escala del viaje de esclavos negros al continente americano. Hoy muchos han conocido a Haití por esta tragedia. Antes solo sabían de ese país, porque hacía frontera con la República Dominicana, donde se han creado paraísos vacacionales, mientras al lado reina la miseria. Esperamos que para terminar con esa miseria recen los tres mil quinientos invitados por Obama, el primer presidente estadounidense de color, al desayuno de oración. Recen todos, incluido Zapatero.