Haití o la alegoría del Mundo
Juan José Laborda
x
1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 22 de enero de 2010, 18:00h
“En todo caso, Haití necesitaría de los instrumentos y de los recursos que un gran país pondría para superar una catástrofe inmensa, los efectos de una guerra devastadora o todos los males imaginables juntos. Pero Haití no tiene siquiera los medios de uno pequeño y padece algo parecido a una plaga bíblica. Independiente desde 1804, en plena marea revolucionaria francesa, la antigua colonia de Francia pasó directamente del esclavismo a los patrones jacobinos, y se quedó estancado en unas atrabiliarias y surrealistas monarquías o dictaduras personales o familiares. Yo hice el viaje por carretera, desde el aeropuerto de la República Dominicana, hasta Puerto Príncipe. Nada más cruzar la frontera que divide la isla en dos Estados, el paisaje sobrecoge. La belleza vegetal que queda detrás, deja paso a un desierto pelado. Los haitianos son 8 millones de seres (hoy parece que son 10) que han deforestado un país de 27.750 kilómetros cuadrados, porque sólo tienen madera como combustible. Las lluvias estacionales han hecho el resto. El manto vegetal ha sido arrastrado hacia el mar. La plataforma costera ha sido recubierta de barro. Los famosos mariscos y peces que se servían en los hotelitos frecuentados por celebridades intelectuales europeas y americanas de los años cuarenta, ya no existen. Haití, por no tener, no tiene siquiera identidad nacional. Se ha intentado codificar el idioma que habla el pueblo: el créole o criollo. Pero las elites cultas y las políticas hablan francés, y la minoría rica, inglés. Lo mismo sucede con la religión. El vudú desborda al catolicismo. Tampoco Haití ha tenido un ejército influyente. De hecho, los dictadores se sirvieron de grupos privados como los “tontons” para dominar. La primera tierra americana bajo influencia europea mira hoy hacia África, aunque pocos países africanos miran hoy hacia Haití, la primera república democrática de ciudadanos negros del mundo. Pero Toussant L´Overture, su líder nacional, murió en las mazmorras de Napoleón un año antes de la independencia.”
En ese texto recordaba mi visita a ese país en 1998, cuando asistí al Congreso de los socialistas haitianos. Entonces no pensaba, como hoy, en un terremoto. ¿Le puede suceder algo peor a Haití? Hay países que hace falta verlos para creer las desdichas que padecen. El obispo de Guipúzcoa ha respondido como respondió la Iglesia cuando Lisboa fue destruida por un terremoto. La teología no sirve hoy para explicar cosas como ésta. El actual Papa, a las puertas de otro horror como Auschwitz, se preguntó: ¿Dónde estabas Señor?
Pero la desesperación no tiene todavía la única respuesta. Hoy sigo respondiendo como lo hizo Voltaire ante la catástrofe lisboeta: aún cabe la esperanza en la razón. Haití es una metáfora del Mundo. Sus injusticias, y la ceguera idiota de algunos poderes, nos pueden conducir a todos al terrible y absurdo lugar donde se encuentra hoy ese pequeño país. Se me ocurren algunos argumentos sobre el microcosmos haitiano, sobre su significado alegórico:
1º. Si todos viviesen como la minoría haitiana rica, no habría sido tan devastador el efecto del terremoto. Las catástrofes naturales se aminoran con la civilización.
2º. La superpoblación es también una catástrofe natural que hoy padecen los pobres del Mundo, como los haitianos. Y sus primeras víctimas son las mujeres y sus hijos. La natalidad y la sexualidad no han sido nunca naturales en la especie humana.
3º. La catástrofe climática puede ser evitada. Como lo hubiera sido en Haití. Habría sido suficiente con obtener energía de cualquier recurso fabricado, gas, petróleo, etc, en lugar de quemar los bosques naturales de la isla.
4º. Los haitianos sufren las consecuencias del fracaso de su Estado. Pero tras 200 años de independencia, las posibilidades de lograr el “consenso estatal” parecen ilusorias. ¿Tiene viabilidad, incluso, tiene sentido, fabricar una identidad nacional, una moneda, un ejército, unas aduanas, en fin, los atributos del Estado de hace 100 años? ¿No están mejor los de Puerto Rico (asociado a los USA) que muchos que son soberanos? Y esta es una pregunta para los entusiastas de independencias varias, sean saharauis, vascos, catalanes o corsos, etcétera.
5º. Nadie quiere cargar con Haití. Ningún Estado puede ya administrar a otro. Ni la República Dominicana, ni los Estados Unidos, ni la Organización de Estados Americanos. Y la ONU ha tenido que reconocer que sólo los americanos tienen capacidad, y voluntad, de asegurar un cierto orden mundial. La actitud de Francia, quejándose del despliegue americano, no merece el mínimo aprecio. Seguramente la mala suerte de Haití empezó en 1697, cuando esa parte de la Isla de Santo Domingo pasó a poder de Francia, que la llenó de esclavos. Después de ese comienzo, Francia no sido más que un venenoso ejemplo. ¡Y ahora se vuelve estrecha y pacifista! ¡La bancarrota ideológica del clásico nacionalismo francés! Les ha salido un imitador más grotesco: el sinvergüenza del presidente Ortega de Nicaragua, quejoso por la presencia militar americana en ese país.
6º. Haití nos plantea las limitaciones “naturales” de este tiempo. Hace falta un nuevo consenso mundial para dotarnos de un orden que compense las incapacidades de la ONU y de los antiguos Estados. A la espera de un gobierno mundial: utopía necesaria, es decir, creyendo que no es extravagante.
|
Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
|
1718lamartingmailcom/12/12/18
|