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Dos epístolas Degaullistas

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 22 de enero de 2010, 22:04h
Madrid, a 11 de agosto de 1943

Querida Madrina:

Ha sido muy interesante para mí la deliciosa comida que hemos tenido ayer, pues además de acompañarte, amor mío, ha sido cautivante para mí conocer al antiguo ministro de Vichy, Monsieur Pucheu. Es evidente que aunque es posible que se confundiese de partido, uniéndose al destino del Mariscal, bouclier de La France, Pierre Pucheu es todo un patriota, aunque debe tener en cuenta que “Qui fait la faute la boit”. En lo que no estoy de acuerdo es en los consejos que le daba el señor Sangróniz, en el sentido de restablecer su imagen marchando a Marruecos para ponerse bajo las órdenes del general Giraud, del que no se sabe si va o si viene, aunque sea el general favorito de Roosevelt. Es seguro que la Francia Combatiente representada por De Gaulle no perdonará el hecho que ocurrió en Chateaubriant, que el propio Monsieur Pucheu nos contó, y que a partir de su narración tú ya no pudiste comer más. Si lo que nos contó lo sabe también De Gaulle, es muy posible que Pierre Picheu sólo marche a Marruecos para ser fusilado. Lo siento por él. Las guerras nos obligan a tomar decisiones en un segundo cuyo fundamento estriba en escoger no la mejor sino la menos bárbara. Pero yo no soy nadie para decirle a ese señor “Un bon averti en vaut deux”. Quizás, en el fondo de su corazón desesperado, en su corazón lleno de amor por Francia, sólo quiera precisamente ser ejecutado como forma de limpiar su culpa ante el tribunal de su propia conciencia. Ya verás como en esto acierto, Madrina.

Pero lo mejor estuvo en cómo pasamos tú y yo, amor mío, la sobremesa en aquella habitación del hotel. No consigo saciarme jamás de tu cuerpo. Siempre tengo hambre de tu deliciosa carne, de la embriagadora fragancia de tu cuerpo. Te necesito. Grito y doy alaridos nocturnos del hambre que tengo por tí, Madrina.
Tuyo hasta el fin,

Luis de Santullán

Madrid, a 31 de agosto de 1944
Queridísima Madrina:

Como ya sabrás por tu hermano V. esta semana ha ocurrido un acontecimiento transcendental en la Guerra de Europa: París, el maravilloso París ha sido liberado. Hitler tiene la guerra perdida de forma irremediable. Charles De Gaulle ha sido el instrumento del destino para volver a poner de nuevo en pie a la nación francesa. El 26 de agosto dos millones de franceses hicieron resplandecer la unidad nacional con sus testimonios en derredor de De Gaulle. En un colosal desfile de unidad nacional marcharon junto a De Gaulle los generales Juin, Koenig, Leclerc – el verdadero liberador de París -, d´Argenlieu, Vain, Blochs-Dassault, los prefectos Fouret y Luizet, el delegado militar Chaban-Delmas, y muchos jefes y combatientes del interior. Salvo la presencia de reporteros y fotógrafos, los aliados no tomaron parte alguna en el desfile que se verificó. En el trayecto no hubo más que franceses y franceses. El desfile fue muy peligroso, pues el ejército alemán pendía a escasos kilómetros como una espada de Damocles. Todavía al norte de París la presión del enemigo seguía dejándose sentir. En Saint-Denis y en La Villete un batallón alemán se negaba a deponer las armas, alegando que no estaban bajo las órdenes del “traidor” teniente general Von Choltitz, que había entregado París a Leclerc. Una parte de la 47ª División alemana estaba instalada en Le Bourget y en Montmorency, sin duda para cubrir unas columnas que se batían en retirada más al norte. Pero afortunadamente, salvo algunos francotiadores que fueron reducidos prontamente, el desfile de De Gaulle no sufrió ataques importantes. Incluso los disparos que se oyeron en el interior de Nôtre Dame y que hicieron caer cascotes de yeso sobre alguna cabeza pudieron ser efectuados por los maquis del “Comac”, como forma de decir a De Gaulle que el ejército de la resistencia, liderado por los comunistas es necesario aún para Francia. Hay que decir que París ha sido liberado por su pueblo, con la ayuda del Ejército y el apoyo de Francia entera. Parece ser que todos llevaban la Cruz de Lorena, el signo de De Gaulle, que también aparecía en los venerables monumentos de París, y desde allí parecía sonreir.

Si la victoria de Francia no hubiese sido conseguida por De Gaulle, hoy mismo España estaría invadida por los grandes ejercitos de españoles maquis apostados en Gers, el Ariège y el Alto Garona. Y se renovaría una nueva Guerra Civil terminada hace cinco años. De Gaulle ha hecho saber a los jefes españoles que el gobierno francés no olvidará jamás los servicios que ellos mismos y sus hombres han prestado a Francia, pero que el acceso a la frontera pirenaica les está prohibido. Además, con arreglo a sus instrucciones, el Primer Ejército ha destacado hacia Tarbes y Perpiñán -¡qué cerquita está la tumba de Antonio Machado! - una sólida agrupación para consolidar el servicio de orden en los pasos de los Pirineos. En cuanto al “coronel Hilario”, ha sido conducido a Lyón para regresar en seguida a Inglaterra. De Gaulle prefiere tener como vecina a la España de Franco que una España comunista, máxima ahora que tiene que lidiar con los comunistas franceses que desean capitalizar la victoria de Francia. Los franceses hoy se adhieren a De Gaulle para librarse de la subversión comunista, como lo habían hecho ayer para desembarazarse del enemigo.

¡Cuánto me hubiera gustado estar en la capital del amor contigo! ¡Tumbados en las orillas del Sena besándonos, amándonos! ¡Lamiéndote esa piel de melocotón blanco, como sólo la ha sabido representar Antonio Correggio! Amándonos bajo la sombra de la Tour Eiffel. Cuando volvamos a vernos, soñaré mientras te amo que estamos allí, y que rezamos arrodillados en los bancos de Notre Dame. Hoy todos los amantes del amor y de la libertad tenemos que estar contentos, jubilosamente aleluyáticos.
Te quiere tu esclavo,

Luis de Santullán

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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