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Caos nuclear en España

martes 26 de enero de 2010, 03:00h
La presentación de candidaturas para albergar el Almacén Temporal Centralizado -ATC- de residuos nucleares de alta actividad está suponiendo un serio quebradero de cabeza para la práctica totalidad de la clase política española y, de paso, está retratando su tremenda ineptitud en un asunto tan importante. Hasta ahora, conocíamos la indefinición y palmaria falta de conocimientos que en dicha materia mostraba el PSOE. Pero los acontecimientos actuales, en los que se han visto involucradas localidades como Ascó o Yebra, han puesto de manifiesto que en cuestión de irresponsabilidad y confusión, CIU y PP no le van a la zaga.

Uno de los cometidos principales de la clase política es el dar explicaciones a la ciudadanía sobre determinados asuntos relevantes, y la energía es uno de ellos. A día de hoy, ni una sola fuerza política española ha sabido explicar a sus potenciales electores cuál es su postura real en materia de energía. La nuclear es segura, o eso al menos es lo que piensa la práctica totalidad de la comunidad científica internacional. En Europa este debate, amén de tener una mayor talla intelectual, no presenta tantos escollos. Francia, sin ir más lejos, vende a España parte de la electricidad que consume, producida en centrales nucleares galas, alguna de las cuales no está lejos de la frontera. Lo cual no deja de ser un factor de hipocresía palmario; aunque dicho sea de paso, un razonamiento semejante es el que están sosteniendo los políticos españoles en general: nuclear sí, pero aquí no. Si es segura, su ubicación es posible en múltiples lugares. Si no lo es, pues se desmantelan todas las centrales nucleares, aceleradores de partículas de los servicios de oncología de los principales hospitales y todo aquello susceptible de ser catalogado con nuclear. Y, por supuesto, deja de adquirirse energía que provenga de centrales nucleares. Claro que esa actitud llevada al extremo retrotraería a España a los tiempos en que no existía la electricidad. En general, los españoles, o buena parte de ellos, deben hacer un esfuerzo de coherencia y sentido del progreso. Pero también merecen que sus políticos les representen un poco mejor, que sepan estar a la altura de las circunstancias y les expliquen con detalle el dificil problema energético del país, en lugar de hacer el ridículo.



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