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Pintor y poeta

J.M Antolín: "El autorretrato es el momento más íntimo de la pintura"

miércoles 27 de enero de 2010, 16:57h
Ha pintado el lienzo más grande sobre el 11-S y le ha llevado hacerlo ocho años. ¿Lo tenía así previsto?
Sí, era una idea que tenía clara desde el principio. He tardado todo este tiempo por la naturaleza del cuadro, que trata no sólo del 11-S sino de todo el mandato del ex presidente de Estados Unidos, George W. Bush. No quería pintar mi opinión, pero sí un poema del asunto. El cuadro está nutrido de conflictos que aún no han terminado y si me ha llevado más tiempo de lo previsto terminarlo ha sido por el trabajo que han supuesto las luces al pintarlas. Tanto que en algunas zonas está pintado casi como Tiziano, de una forma muy clásica, aunque no lo parezca. Si lo miras de cerca está lleno de transparencias, así que realmente es un cuadro complejo.

José María Antolín en un momento de la entrevista (Foto: Manuel Engo)


Ha pintado a Bin Laden y lo ha hecho llorando. ¿Por qué?
Nunca pinté a esa figura como Bin Laden. De hecho, si se observa la desproporción de su cabeza, es descomunal, como si fuera un cabezudo. La explicación que doy a sus lágrimas es que a pesar de ser un monstruo, también es un ser humano y todo aquel salpicado por crímenes sabe que, aunque venza, va a perderse a sí mismo de todas formas.

El rostro para usted es casi una obsesión…
Sí, el rostro humano como tema abstracto. Lo he trabajado mucho en mi obra aunque en el caso de este lienzo no hay ningún rostro real, ya que casi todo son máscaras o simulaciones. El rostro lo entiendo desde la perspectiva de cómo se produce la manifestación de lo figurativo. Es decir, la manera en que reconocer al prójimo nos ayuda a comprender cómo somos.

José María Antolín junto a su monumental obra (Foto: Nathalie E. Musquin)


Usted se ha autorretratado mucho. ¿Busca así su identidad?
Sí, completamente. Antes me retrataba mucho, ahora ya no tanto, aunque no sé si se debe a que he perdido interés en mí.

¿Por qué esa necesidad de los pintores por dibujarse a sí mismos?
Porque el autorretrato es casi como el cuarteto de cuerda en Beethoven. Es el momento en el que el pintor decide pintar la pintura. Es el origen del texto y de la voz que genera el texto. Es una especie de “meta pintura”, además del momento más íntimo de esta disciplina. El instante en que a través de su cara, el pintor puede ver su propia pintura. El lenguaje de la obra de Rembrant o Van Gogh puede entenderse de principio a fin sólo con sus autorretratos y sin necesidad de acudir al resto de sus lienzos.

Detalle del lienzo de J. M Antolín (Foto: Nathalie E. Musquin)
¿Es amigo de la iconografía?
He trabajado últimamente la desnudez del cuerpo con elementos simbólicos sagrados y relacionados con las decisiones de los imperios. Sin embargo, el símbolo no tendría por qué importar en la pintura. De hecho, habitualmente, tiene baja calidad. Hay grandes pintores simbólicos que no valen nada como pintores pese a ser muy interesantes. Pictóricamente saber qué significa cada elemento no tiene mucho interés. Se puede hacer gran pintura simbólica de ínfima calidad. Lo difícil es generar esos símbolos desde lo pictórico mismo, sin añadirlos. En el caso de mi lienzo tuve la dificultad de eludir varios registros: el pop, el reportaje antropológico y la tradición norteamericana del grafiti.




Ha dicho que su pintura está inacabada. ¿A qué se refiere?
La pintura tiene el problema de que se la cree un arte sincrónico. El óleo se seca y se acabó. Un conocido me comentó en una ocasión las grandes ventajas del cine respecto a la pintura, a lo que yo le decía que si a “Las Meninas” les ofrecieses el movimiento, ellas dirían que no lo querrían. Así pues, no comporta una limitación que la pintura no pueda moverse, ya que lo que está siendo dicho fluye continuamente y no necesita el movimiento cinético. El cuadro, después de que se forma, en la mayor parte de la pintura se mueve, mientras que en la grande, en el sentido de perfecta, lo que consigue es que el tiempo siga hablando, que no se quede como un fósil.

Detalle del lienzo de J. M Antolín (Foto: Foto: Nathalie E. Musquin)

Una de sus series se titula “Maestro y discípulo”. ¿Está en deuda con alguien?
Se trata de una serie que tiene que ver con algo que me preocupa, de la misma manera que me ocurre en la poesía. Se trata del problema del don y de la cantidad de correspondencias y esclavitudes enormes que se establecen entre quien da y quien recibe. Cuando alguien entrega a otra persona algo y lo transforma es lo que me interesa de un modo muy profundo.

Pinta, escribe poesía y flirtea con el cine. ¿A qué se dedica?
Para mí todo es lo mismo. Siempre me digo a mí mismo que estoy en Estados Unidos como un antropólogo viendo cómo funciona la tribu y el imperio. Hay poetas que pintan y pintores que escriben, pero ese no es mi caso. La realidad es que soy poeta y pintor. Ahora estoy preparando la publicación de la poesía que he escrito en estos 10 años en Estados Unidos. Se llama “El alimento no humano” y versa sobre toda mi vida y mi transformación. Volveré a España para publicarlo y, ojalá, para ver mi lienzo expuesto.