La cuestionable disciplina interna del PP
jueves 28 de enero de 2010, 02:17h
Como era de esperar, El Partido Popular acordaba ayer tarde suspender un año de militancia al vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo, y al ex secretario general del partido en la Comunidad valenciana, Ricardo Costa. Dicha sanción podría tener un carácter meramente testimonial, toda vez que tanto Cobo como Costa llevan suspendidos de manera cautelar más de tres meses y que la sanción disciplinaria en cuestión es revisable a los seis meses. En cualquier caso, resulta llamativa la manera en que los populares resuelven sus conflictos internos.
Por lo que respecta a Ricardo Costa, su actitud hacia la dirección nacional ha sido siempre de total respeto. El ha sido durante todos estos años uno de los auténticos muñidores del éxito del PP en la Comunidad Valenciana, aunque su trayectoria se vio empañada por sus supuestas relaciones con implicados en la trama “Gürtel”. De ser ciertas dichas revelaciones, o haber algo que esconder en la gestión de Costa, la mera suspensión de militancia se antoja a todas luces insuficiente. No ya el PP, cualquier partido que detecte el más mínimo comportamiento irregular en alguno de sus militantes -y más si es un alto cargo- debería expulsarlo inmediatamente. Costa, sin embargo, conserva su escaño en el parlamento valenciano y, aunque ya no es secretario general regional, sigue participando en el devenir cotidiano del partido.
Lo de Cobo es aún más grave. Vaya por delante que en lo que respecta al día a día de la Comunidad de Madrid, ni Alberto Ruiz Gallardón ni Esperanza Aguirre han estado siempre a la altura de las circunstancias, aunque en su descargo cabe decir que llevan una buena temporada sin tener ninguna salida de tono. De Cobo, en cambio, puede decirse que cada vez que habla sube el pan. Tachar de “vomitiva” e “impresentable” a la dirección regional de su partido no es algo baladí. En cualquier otra formación política, unas expresiones tan gruesas como las proferidas por Cobo le habrían costado el puesto, cuando no la expulsión. Pero el vicealcalde sigue siendo precisamente eso, vicealcalde, y además el hombre de confianza de Gallardón. Puede reprocharse al regidor madrileño que le mantenga en su cargo, pero quien realmente s responsable de que alguien que se ha distinguido siempre por generar tensión en la vida política madrileña siga desempeñando sus cargos, por mucha suspensión de militancia que tenga, es Mariano Rajoy. El sabrá si esa es la imagen de disciplina que quiere transmitir de su partido, pero lo que ha quedado meridianamente claro es que insultar en el PP sale muy barato