www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

reseña

Don Thompson: El tiburón de 12 millones de dólares. El arte contemporáneo y las casas de subastas

viernes 29 de enero de 2010, 14:43h
Don Thompson: El tiburón de 12 millones de dólares. El arte contemporáneo y las casas de subastas. Traducción de Blanca Ribera. Ariel. Barcelona, 2009. 330 páginas. 21 €
El economista y profesor de empresariales Don Thompson nos descubre, en este ameno libro, los entresijos del mundo del arte contemporáneo, sus artistas, críticos, marchantes y coleccionistas, así como lo que hay detrás de todos esos trajes elegantes, apretones de manos y toques disimulados de nariz llevados a cabo en las sesiones de las casas de subasta.

¿Cómo alcanzan esos precios astronómicos las obras de artistas contemporáneos desconocidos para la mayoría? O, ¿quién es capaz de pagar 12 millones de dólares por un tiburón en formol descomponiéndose? Consideramos varios factores: por un lado, el artista se debe convertir en una marca, debe ser camaleónico y saber venderse; por otro, su representante ha de conseguir buenos contactos, realizar exposiciones y organizar fiestas a las que acuda gente importante, y con dinero. Con suerte el artista es elegido por un “Charles Saatchi” (archiconocido coleccionista de arte) y comienza a vender sus obras por decenas o cientos de miles de euros. También “billonarios” como el americano Steven A. Cohen, agente de fondos de inversión de alto riesgo y coleccionista de arte, a quien el tiburón de Damien Hirst le supuso los ingresos de cinco días de trabajo, se pueden permitir estas adquisiciones.

La venta de obras de arte a través de las principales casas de subastas (Sotheby’s y Christie’s) también se basa en técnicas de marketing. Empezando por conseguir la consignación ofreciendo millones de euros como garantía de venta al propietario, o incluso jugando al “piedra, papel o tijera”. Se editan catálogos, contactan hasta con meses de antelación con los posibles postores, organizan fiestas o acuden con la obra a acontecimientos importantes en lugares como Hong Kong, Nueva York o Suiza para acercarla a un mayor número de coleccionistas. También llegan a facilitar financiación para que la obra finalmente cuelgue el cartel de “vendido” (a poder ser, dentro de la estimación o por encima). Este procedimiento añade valor a la obra y aumenta la codicia por parte de los coleccionistas: todos quieren conseguir ese Francis Bacon que presidía una cena VIP en el Gran Premio de Fórmula 1 de Mónaco.

Citando a Brett Gorvy (de Christie’s), el arte contemporáneo podría definirse en numerosas ocasiones según su conocida frase: “Esto es un negocio, no historia del Arte”.

Por Sonsoles Vidal Bello
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (5)    No(0)

+
0 comentarios