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El adiós a Tomás Eloy Martínez

Enrique Aguilar
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miércoles 03 de febrero de 2010, 19:26h
Murió Tomás Eloy Martínez. Víctima de un tumor cerebral que lo tenía en jaque desde hacía tiempo, su deceso provocó una honda conmoción en ámbitos culturales. No era para menos, teniendo en cuenta que sus cualidades personales y sus notables dotes literarias hacían de él un hombre doblemente querido entre sus incontables lectores y sus pares.

Leí asiduamente sus crónicas y artículos, géneros que cultivó con inusual ingenio y que, como apuntó Jorge Fernández Díaz, le permitieron “elevar al periodismo a la categoría de obra de arte”. De sus libros, en cambio, no avancé más allá de La novela de Perón y Santa Evita, que fueron los más divulgados y traducidos (sobre todo el segundo) entre su copiosa producción. La repercusión que su fallecimiento tuvo durante esta semana en la prensa internacional quizá deba no poco a esos títulos que algunos consideran como una sola obra en dos actos. Como sea, bastan y sobran para expresar al menos un modesto reconocimiento a este escritor que honró las letras argentinas y contribuyó grandemente a su difusión en el exterior. Me esperan, por cierto, otras lecturas que hoy especialmente lamento no haber hecho en su momento, empezando por Lugar común la muerte o El vuelo de la reina, merecedora del premio Alfaguara 2002.

Verdadero referente de la literatura latinoamericana, Tomás Eloy Martínez había nacido en 1934 en la provincia norteña de Tucumán, donde inició su carrera como corrector del prestigioso diario La Gaceta. Con estudios de grado en su provincia y de posgrado en París, fue secretario de redacción del recordado semanario Primera Plana y columnista, entre otros medios, de La Nación, The New York Times y El País. Se destacó asimismo como guionista y crítico cinematográfico. En Venezuela, entre 1975 y 1983, vivió parte de un exilio obligado, en razón de las amenazas que recibiera de la Triple A. Fundó allí El Diario de Caracas y luego se radicó en los Estados Unidos, donde ejerció la docencia universitaria en la Universidad de Maryland y en la Rutgers University de New Jersey. También impartió cursos en Yale, Princeton, Harvard, Columbia y otros prestigiosos centros académicos. Fue becario Guggenheim y, entre los varios reconocimientos de que fue objeto, cabe mencionar el Premio Ortega y Gasset.

Permítaseme citar a Carlos Fuentes: “Tomás Eloy Martínez escribió la historia de una país latinoamericano autoengañado, que se imaginó europeo, racional, civilizado, y un día amaneció sin ilusiones, tan latinoamericano como México o Venezuela, tan brutalmente salvaje como sus dictadores militares, tan brutalmente corrupto como sus políticos, tan ciego como todos ante las poblaciones de la miseria que fueron bajando hasta las avenidas porteñas, donde hoy recogen basura a la medianoche para comer”. Y es que tal vez la Argentina quiso también convertirse en un relato, como la Evita de Tomás Eloy Martínez, “un relato que, antes de terminar, encendía otro”. Una historia real, si se prefiere, cubierta con historias falsas que la pluma intensa de este extraordinario escritor nos ayudó a comprender.

Echaremos de menos su voz, pero nos quedan cientos y cientos de páginas, bellamente escritas, y el recuerdo de un intelectual comprometido con su tiempo, su país y una república más vasta y milenaria que las nuestras, la de las letras.

Enrique Aguilar

Politólogo

ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina

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