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Bares de Delfos

Mayte Ortega Gallego
jueves 04 de febrero de 2010, 18:57h
En España hay una versión de la curva praxiteliana que se practica eficazmente en los bares: se llama acodarse en la barra. El individuo (y perdonen la simplificación de género, es pura estadística) se acoda, tal vez ponga su pie en el travesaño del taburete de enfrente y permanece girado mitad mirando al camarero, mitad al resto de la sala en puesto adelantado de observador.

Se agradece que te llamen por tu nombre en un bar. Parece pero no es lo mismo que griten tu nombre y te lo escriban con rotulador a la usanza de cierta cadena de bares de origen norteamericano con sirenita por logo. Lo primero es camaradería, lo segundo denota cierto tufillo de infantilización en el trato. Que por cierto, se está extendiendo, porque ahora te llaman de un call-center desde el otro lado del mundo para venderte todo lo que no necesitas y piensan que dirigiéndose a ti por tu nombre de pila, te ablandarán tu corazón de avaro anti-ofertas y salivarás con cada promoción.

Los bares. Decía que en los bares se plantean preguntas inquietantes como hacían los griegos en el famoso Oráculo y también se puede aprender economía en dos tardes tal y como decía el otrora ministro. También sorprende que todos hablemos de crisis y de lo mal que estamos a la vez que con la mano y enarcando las cejas pedimos otra ronda al camarero.


Se definió perfectamente la función de los bares en el estribillo de un grupo soriano. Todos somos capaces de tararearla y de recordar las parodias de Martes y Trece. Me sigue asombrando que en otros países se diferencie claramente el bar de café del de copas y no hay manera de hacerlos transversales. En España, se puede empalmar los churros, el menú del día, el café, unos vinos, dos cañas y a las copas. Todo sin moverse del mismo sitio, mientras fuera atardece. Se comprende que en el programa de “X por el mundo” sea común escuchar a los X-men (nueva simplificación de género y sin temblar) echar de menos las cañas.

El peregrino que acudía al recinto de Delfos, que tal y como lo cuenta Wikipedia parecía un parque temático espiritual: monte Parnaso, templo de Apolo, fuente Castalia, todos los highlights de la Antigüedad sólo podía consultar un día al mes: el día 7. El parroquiano del bar no está dispuesto a acudir un día al mes, si acaso todos los días menos uno, para regocijo de hosteleros y familia.

Mayte Ortega Gallego

Coordinadora de programas de la Comisión Europea

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