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Fronteras y prudencias

martes 04 de marzo de 2008, 18:38h
El ataque por sorpresa del ejército colombiano a un campamento de las FARC ubicado en territorio ecuatoriano, en el que murió junto a una veintena de correligionarios Raúl Reyes, puede presentarse en occidente como una flagrante violación del derecho internacional. Tenemos un concepto de fronteras y límites muy diferente al que se vive en Hispanoamérica.


Colombia linda con once países. Con dos de ellos (Brasil y Perú) sólo con frontera terrestre aunque fluvial, sometida por tanto a las variaciones de caudalosos ríos; con otros tres (Venezuela, Ecuador y Panamá) con fronteras terrestres y marítimas y con el resto (Haití, Dominicana, Jamaica, Islas Caimán, Nicaragua y Costa Rica) solo marítimas. La longitud del límite terrestre común con Venezuela es de 2.200 kilómetros; con Brasil de 1640; con Perú de 1620, con Panamá de 260 y finalmente con Ecuador de 586. Estamos hablando de 6500 kilómetros fronterizos, trazado dificultado por la existencia de zonas selváticas o marcadas por cuencas fluviales sometidas a frecuentes variaciones.


Esta extensa y compleja indefinición ha sido históricamente aprovechada por movimientos insurgentes. Por supuesto no sólo en Colombia; podríamos reseñar cientos de ejemplos. De aquel Virreinato de Nueva Granada que incluía los países del área que ahora analizamos (Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá) surgiría el proyecto bolivariano de la Gran Colombia que se escindió en 1830, pocos años después de la independencia. La República de Nueva Granada -así se denominaba aún en la cartografía de 1852- luego Colombia, perdería Panamá en 1903 tras la llamada "guerra de los mil días" (1889-1902) y, definitivamente, gran parte de la amazonia tras la guerra con Perú (1932-1934).


Colombia aún mantiene reivindicaciones con prácticamente todos los países referidos, consecuencia de los difíciles procesos de emancipación. Nos limitaremos a reseñar los que mantiene con los dos involucrados en el supuesto apoyo a las FARC. Con Venezuela el problema es marítimo: ambos países comparten las orillas del golfo de Venezuela. Esto hace que en el reparto legal de aguas jurisdiccionales, quede una parte sin asignar dentro del golfo, parte que Venezuela reclama como suya alegando se trata de un mar interior y que por tanto la frontera marítima debe ser prolongación de la terrestre. La riqueza petrolífera de la zona subyace, por supuesto, en el diferendo.


Con Ecuador el problema, también, es complejo. La llamada "declaración de Ibarra" de 1992 quiso poner fin a una histórica indefinición de límites, violados sistemáticamente por narcotraficantes y terroristas, amparados por un convenio migratorio bilateral que facilitaba la circulación libre de ciudadanos en ambos márgenes. En 1996 se creó una Comisión Binacional fronteriza para mejorar el control; tres años después (1999) el ejército ecuatoriano destruía santuarios de las FARC en su territorio, tras el secuestro por parte de éstas de 12 extranjeros -tres de ellos españoles-. Eran otros tiempos. Los habitantes de las provincias ecuatorianas de Sucumbíos, Esmeraldas y Carchi saben lo que es inseguridad en la frontera. Según Naciones Unidas unos 12.000 de ellos huyeron hacia el interior del país.


En febrero de 2001 los enfrentamientos entre guerrillas de las FARC y paramilitares fueron especialmente sangrientos en la zona de Lago Agrio, en Ecuador, convertida en una continuación de los frentes puramente colombianos: el secuestro, las fumigaciones incontroladas, los laboratorios clandestinos, los desplazamientos, formaban parte de la vida de estos pueblos fronterizos. La presencia de tropas de la IV División ecuatoriana pareció paliar el problema. Con la llegada al poder del presidente Correa y la disolución de la mayoría de frentes paramilitares, la situación ha cambiado. Y los posibles rastros dejados por la reciente liberación de cuatro diputados nacionales colombianos han propiciado la intervención armada.


Los EEUU, sutilmente, se han declarado sorprendidos y apelan a la cordura. Chávez, lanza batallones y aspavientos, mientras las empresas de armamento rusas hacen su agosto, a costa de los inesperados beneficios del petróleo, que -por cierto- pagamos todos. Ecuador acusa a Colombia de utilizar tecnologías israelíes, de ataques con nocturnidad y alevosía y también clama al cielo.


Las FARC se presentan más debilitadas, no sólo por la muerte de su segundo Raúl Reyes. Napoleón decía "no pongas los soldados en contacto con los revolucionarios, porque acaban pasándose a ellos". La política de internacionalizar el conflicto -Ingrid Betancourt- les ha dado a las FARC sus frutos. Pero ha puesto a sus combatientes en contacto con el mundo libre, por el propio ego de dar y difundir informaciones. También ha permitido peligrosas infiltraciones. Las bajas de combatientes son abrumadoras. De 16.900 que contabilizaban en 2001, difícilmente reúne hoy a 8.900. Veinte de sus frentes, señalados en el Military Balance de 2002, han desaparecido.


¡Ya es tiempo de dejar unas armas que no han resuelto ni problemas sociales, ni políticos, ni fronterizos, ni económicos y que sólo han favorecido en el río revuelto a los narcos!


¡Ya es hora de que encuentren paz los sufridos habitantes de las lindes fronterizas -la mayoría indígenas- que nada tienen que ver ni con la herencia de Nueva Granada, ni con la residual lucha de clases, ni con las amenazantes voces de unos dirigentes políticos que no se merecen!

Luis Alejandre

General de Ejército

Luis Alejandre es general.

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