Putin: de oca a oca
Eugenio Bregolat
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eugeniobregolatgmailcom/15/15/21
martes 04 de marzo de 2008, 19:12h
A nadie ha sorprendido la victoria de Dimitri Medvedev en las elecciones rusas del 2 de marzo. Putin, el hombre fuerte, pasará a primer ministro, con la opción a recuperar un día la presidencia de la República. Tampoco ha sorprendido que los observadores del Consejo de Europa, ausentes los de la Asamblea Parlamentaria de la OSCE, hayan considerado la elección "ni libre, ni limpia". Ya en las elecciones parlamentarias de diciembre de 1992, cuando Rusia gozaba de las mayores cotas de libertad que ha conocido, el veredicto de la OSCE fue de "abuso de poder" por parte de Yeltsin. La democracia en Rusia no ha sido, hasta ahora, más que un decorado.
Tan cierto es que la mayoría de los rusos aprueban la obra de Putin como lo fue su rechazo de las de Gorbachov y Yeltsin. Éstos eran, a los pocos años de alcanzar el poder, aclamados en Occidente y denostados en Rusia, al revés de lo que ocurre con los actuales líderes. La razón es sencilla: aquellos trajeron miseria, inseguridad, pérdida de poder y prestigio para Rusia en el mundo. En la década de los noventa el país perdió el 40% de su PIB, el mayor desastre económico que registra la historia en tiempo de paz (en los seis años que siguieron a la revolución comunista el PIB se contrajo en un 57%), y la esperanza de vida de los varones cayó de los 62 a los 57 años. Una pequeña minoría se apropió de lo que era de todos, con la connivencia del poder, dejando a la gran mayoría en la pobreza y a muchos en la miseria. El caso de China demuestra que el abandono de la economía planificada no debía conducir necesariamente al desastre económico. La demolición del Partido-Estado soviético se saldó con numerosos enfrentamientos sangrientos y con un agujero negro ocupado por oligarcas y mafiosos, con el asesinato a sueldo como práctica cotidiana. Rusia dejó de ser, además, una de las dos superpotencias, timbre de orgullo nacional, originado en la proeza de la "gran guerra patriótica": con sus 27 millones de muertos, Rusia fue el gran vencedor del nazismo. No sólo se perdió el imperio exterior, el Pacto de Varsovia, sometido en 1945, sino también el imperio interior, la URSS, conquistado por los zares a lo largo de los siglos, y la propia República rusa se cuarteaba con la salida del ejército de Chechenia. No es extraño que los ciudadanos rechazaran la "democracia" que había producido tan lamentables resultados.
Un estómago hambriento pide pan antes que democracia. Como pide orden público y dignidad nacional. Y esto es lo que Putin dió a los rusos. Desde el 2000 el PIB ha crecido un 7% anual; básicamente, cierto es, porque el precio del petróleo ha pasado de 15 a más de 100 dólares por barril. Se ha restablecido un Estado fuerte, aunque sea a costa de las libertades. El ejército ruso ha regresado a Chechenia, por más que haya sido con prácticas condenadas por Occidente. Rusia vuelve a ser temida, sobre todo en el "extranjero próximo", expresión que remeda la de la "soberanía limitada" que Breznev aplicó a los países de la órbita soviética. A los rusos les cuesta mucho aceptar la disolución de la URSS. La pérdida de Ucrania la perciben como la de un brazo: la "Rus" de Kiev fue el origen de la nación rusa. Pocos dudan de que si Putin hubiese estado en el poder, en lugar de Gorbachov y Yeltsin, ni la URSS ni el Pacto de Varsovia se habrían "perdido". Ni el Papa polaco, ni la guerra de las galaxias de Reagan hubiesen podido parar a los tanques soviéticos si Gorbachov los hubiese enviado. Lo que en Occidente se aprecia como humanidad y magnanimidad de Gorbachov, en Rusia se considera debilidad e incompetencia. Así, en suma, la mayoría de los rusos entienden que Putin les devolvió parte de lo perdido y por esto están con él, sin que les importen los métodos empleados ni la restricción de sus libertades.
La creación de una democracia homologable es un proceso a largo plazo que en países como Rusia, o China, tomará, en el mejor de los casos, largas décadas. Así fue en los propios países de Europa Occidental.
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Ex-embajador de España en China y Rusia
Eugenio Bregolat Obiols es embajador de España en el Principado de Andorra.
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