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Phaisana avis cauponaria

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 05 de febrero de 2010, 22:24h
Si hay algo que la patria no puede perdonar es la traición a sus hijos por parte de un Gobierno que se desvía bruscamente de su primera función y de su primer deber. Si fuese cierto que el gobierno de Zapatero ordenó un chivatazo el día 4 de mayo de 2006 que supuso la fuga de tres criminales etarras de un cerco policial en el paso fronterizo a Francia estaremos ante el caso más clamoroso de alta traición al pueblo desde nuestra Guerra Civil. Pues que la lucha terrorista no puede convertirse en una colaboración con los terroristas. Pero el asunto es tan horrible que es increíble, y probablemente no tuvo lugar. Si se confirma la acusación del PP ( Ignacio Cosidó ), el gobierno del Sr. Zapatero, sin ninguna vida moral ya, habría liquidado paradójicamente con su cobardía moral este régimen alevoso, que se llamaría entonces (¿ahora?) el régimen de la capitulación. Pero el asunto es tan horrible que es increíble, y probablemente no tuvo lugar. Sería ésta una herida atroz y letal infligida al honor de la nación y de su Policía Nacional y Guardia Civil, un motivo atroz de desesperación para los ciudadanos con respecto a la patria, una ofensa mortal inferida a la confianza que el país deposita en la Corona, pues en el caudal moral de un pueblo, ninguna penalidad de sus Fuerzas Armadas, de las de Seguridad y de sus ciudadanos se puede perder. Pero el asunto es tan horrible que es increíble, y probablemente no tuvo lugar.

En todo caso, si hubiera algo de cierto en cosa tan monstruosa, el gobierno todavía tiene un pequeño margen para maniobrar, y depurar responsabilidades. Sólo así podría perdonársele. No le perdonaríamos su incapacidad administrativa, pero, al menos, sería inocente de mala fe y espíritu avieso. Asumir responsabilidades políticas es la única acción que puede salvar el sistema político. Pero mucho me temo que la soberbia propia del poder impida al Gobierno ser inteligente, y desgraciadamente puede mantenerse en una obtusa arrogancia. Más aún, este Gobierno ha demostrado últimamente que sólo entiende la lealtad propia de los amigos y compañeros de partido como la fidelidad perruna de los lacayos. Prefiere flabelíferos como Montilla ( ¡ay, el deber cobista de la mediocridad! ) sobre la cabeza del faraón que partidarios leales y libres como Barreda. Y es precisamente la atmósfera lacayuna de los partidos ( el PP no está libre de culpa en esto de caer arrobado de hinojos ante el poder ) la que mejor posibilita la aparición de casos criminales como el “caso Faisán”. ¿Podría ocurrir el “caso Faisán” en una Administración regida por la lealtad? Sería del todo punto imposible. Hubiera sido imposible que un gobierno “democrático” pudiese hoy ser acusado de colaboración con banda armada. Sólo una fidelidad andrólatra y lacayuna puede posibilitar el crimen de Estado. Y eso es algo en lo que los españoles hemos tropezado demasiadas veces. Quizás en el desayuno de la oración que Zapatero tuvo en Washington, invitado por Obama, nuestro Presidente – que eligió, por cierto, un hermoso texto sobre la verdadera justicia material - haya podido tener la impresión de que Dios está demasiado alto y que España está demasiado lejos.

Existen decisiones no populares que todo buen gobierno debe tomar por ser necesarias, como el aumento de tropas en Afganistán, en cuanto que en este caso las operaciones militares tienen una repercusión directa en la capacidad de tomar decisiones políticas en la esfera internacional que afectan a la importancia del país. Pero asuntos como el caso Faisán no sólo no responden a ninguna necesidad, sino que dejan un dolor sordo en el fondo de la conciencia nacional.

¿Qué trama política se esconde detrás del chivatazo? He aquí el quid de la cuestión. Resolver el problema y depurar las responsabilidades inmediatamente son objetivos que se imponen. Está en juego el honor de la Nación.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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