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Digo...

sábado 06 de febrero de 2010, 16:58h
Como tantas veces he dicho en otras columnitas, yo de economía no se nada, no lo entiendo y aunque me lo expliquen, mi sentido común se resiste. Por lo tanto, lo que voy a exponer es sólo lo que mi sentido común y mi observación alcanzan a pensar a la vista de las propuestas económicas que circulan entre políticos y medios de comunicación. Y pensarán, que a falta de conocimiento, es mejor callar, pero en esta ocasión, me puede la cabezonería.

Y digo que las protestas contra la prolongación de la vida laboral, tienen el punto de vista desviado. Hacen que la propuesta parezca una maldad propia de un tirano capitalista que sólo quiere explotar más y durante más tiempo a sus particulares esclavos. Pero si se mira la realidad, más allá de la previsión de evolución demográfica en que parece sustentarse tal propuesta, es fácil encontrar a multitud de jóvenes maduritos, cercanos a los trinta o ya superados, que empezaron a cotizar en la seguridad social hace poco o bien, trabajan pero en calidad de prácticas, becas y otras denominaciones eufemísticas que permiten a la empresas obtener trabajo a bajo coste, es decir, evitando las contribuciones a la seguridad social.

Esta generación que se ha incorporado tardíamente al sistema contributivo, también se ha incorporado tarde al mundo del trabajo. Mientras la generación que ahora tiene 50 o 60 comenzaron a trabajar con a penas 20 años, dos generaciones despúes la edad se ha retrasado entre 5 y 10 años.

Más que hablar de retraso en la jubilación habría que hablar de regulación del empleo de los jóvenes y de inspecciones laborales para que la contratación de jóvenes cumpla todos los requisitos de trabajo legal y social que son requeribles en un estado desarrollado. Pagar impuestos en este sentido es una contribución social, y toda evasión un acto de egoísmo.

Todos somos conscientes de que las empresas pasan estrecheces, pero también es verdad que las leyes laborales no facilitan la regulación y cumplimiento de las normas básicas del trabajo y del trabajador. Cambiar estas prácticas no sólo aumentaría los ingresos del estado, sino el de toda la sociedad...digo.
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