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Italian style

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 07 de febrero de 2010, 17:05h
Hace pocos días, en la típica sobremesa española, empezamos a discutir entre amigos sobre el estilo y el talante de los políticos actuales. Mejor dicho, sobre la falta de estilo, de preparación política, de conocimiento del ars gobernando y del uso de la manipulación y de los medios de comunicación para perpetuarse en el poder. Obviamente hablamos de Italia y, lamentablemente, el caso de Silvio Berlusconi hizo que casi me atragantase con el café.

La degradación del escenario político italiano resulta tan evidente como imparable: se ha asistido a un lento y constante declive, pasando por Berlinguer (político tan honrado y amado que, el día de su entierro, Roma se paralizó por la presencia de más de dos millones de personas, incluso el querido Pertini) y Almirante (virtuoso y apreciable político de extrema derecha), siguiendo por las controvertidas y discutibles personalidades de Andreotti y de Craxi, hasta llegar a la actualidad. Pobre Italia.

No se trata de valorar la acción política del Gobierno Berlusconi (muy escasa por cierto y caracterizada por el excesivo uso de Decretos Leyes), sino de reflexionar sobre la imagen que ofrece el premier Berlusconi y el modelo de emulación que está fomentando. Parece sorprendente leer que hasta en la Semana de la Moda femenina para la primavera-verano 2010 en Milán, varios periodistas internacionales hayan reencontrado la nefasta influencia de los escándalos que envuelven a diarios al primer ministro: por ejemplo, según Vanessa Friedman, enviada del Financial Times británico, los desfiles de Milán han estado caracterizados por la “vulgaridad, reflejando el escandaloso verano de sexo de Berlusconi”. Y aún repiquetea en nuestras cabezas la portada del Rolling Stone Italia coronándole como la “Rockstar del año” ya que “el Cavaliere es capaz como nadie de estar bajo los reflectores y su estilo de vida es digno de las mejores estrellas del rock”. Además se decía que la mansión Neverland de Michael Jackson era una buhardilla comparada con Villa Certosa, su residencia veraniega. ¡Horror!

No sé cuántos folios me harían falta para analizar en profundidad al personaje-fenómeno Berlusconi, contar todas las anécdotas que ha protagonizado (muchas presentes en precedentes colaboraciones), los chistes malos que nos ha regalado (el último a Jerusalén hace un par de días), la caída de estilo de Italia y de su imagen internacional, la vergüenza que ha generado en muchos compatriotas “exiliados” voluntariamente pero no inmunes sentimentalmente a esta “catástrofe”. ¿Es posible no avergonzarse de un presidente que llama “morenito” a Obama, juega al escondite con Ángela Merkel, hace los cuernos en una foto oficial, propone al político socialista alemán Martin Schulz para el papel de “Kapo” en una película o hace el gesto de la metralla a una periodista que tuvo la osadía de preguntar sobre su vida personal a Putin, el famoso donante de la cama de Put..in? Y eso sin entrar en dos asuntos públicos-privados lamentablemente relevantes ya que influencian su acción política: su vida sexual (Veronica Lario dixit: “mi marido frecuenta a menores de edad…él no está bien”) o el misterio sobre su subida al poder y la creación de su imperio económico (¿Mafia? No es una acusación la mía, sino una investigación abierta y en marcha).

La “degeneración” de la política italiana es manifiesta: los periódicos internacionales arremeten frecuentemente contra ello (¡Buenafuente se está cebando con Italia!), subrayan los fallos del sistema pseudo-democrático nacional, el desprestigio de las instituciones italianas, la creación de un “fascismo de corbata de Armani” (José Saramago), el propagarse de un estilo de vida hortera y frívolo, muchas veces patético, casi siempre vulgar. Las intrigas e historietas de Berlusconi y de gran parte de la clase política nacional (que sean de izquierda o de derecha), los escándalos sexuales y transexuales monopolizan la atención mediática, distraen el país de sus verdaderos problemas. En este contexto, la rehabilitación de Craxi, la nostalgia justificada por Berlinguer y la injustificada por Andreotti y Fanfani resultan casi fisiológicas ya que lo que vino después de ellos, fue y está siendo sin duda peor. Si el país seguirá en este camino, no solo faltará finezza y estilo en la clase política nacional, sino también en la sociedad civil italiana. Me temo que lo peor aún no ha llegado.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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