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Laura Chinchilla, presidente de Costa Rica. Lección para México

Marcos Marín Amezcua
miércoles 10 de febrero de 2010, 20:23h
Costa Rica es una de las naciones más interesantes del mundo hispánico. Abolió su ejército, salió airosa de las guerras centroamericanas, cuenta con un pueblo que invierte en educación y ha sorteado una vida política azarosa en los últimos lustros; esto último no es impedimento para que conservara su dinamismo y su capacidad política gestora de nuevos estadios que han cristalizado en estabilidad política, rumbo de país y finalmente, que han conseguido, no sin debates ni escollos naturales de una vida democrática fluida, alcanzar un anhelado escenario: contar con una jefa de estado elegida por el pueblo: Laura Chinchilla, elegida el domingo 7 de febrero.

Con el prestigio del premio Nobel a cuestas, Costa Rica es gobernada por segunda ocasión por Oscar Arias, unos de los más respetados gobernantes americanos y cuya avanzada edad no impide su entusiasmo para incluso, participar recién de procesos complejos como el afrontado en la crisis hondureña. Oscar Arias dejará el cargo a su sucesora y correligionaria del Partido Liberación Nacional.

Chinchilla ha dejado atrás a sus opositores más cercanos, Guevara y Solís, triunfando con el 46.7% de los votos en todas las provincias costarricenses. Su partido no ha ganado la mayoría en el congreso, lo que supone un desafío interesante para la negociación política de sus proyectos de gobierno. Ha anunciado que su prioridad será la seguridad y sin duda, se percibe su novedoso triunfo, anticipado por algunos, como un reto de la sociedad costarricense, más proclive a otorgar cargos a los varones. Por ello su victoria es doblemente importante, por primar la democracia y por apostar al género.

Costa Rica se suma a la lista de países gobernados por mujeres. El nombre de Laura Chinchilla no es cosa menor, pues su triunfo contundente evitando una segunda vuelta, se perfila como el de un personaje que dará mucho de qué hablar y para bien. La república hermana de Costa Rica, país especialmente reconocido y admirado en México, desde donde escribe el suscrito, se ha puesto a la vanguardia al contar con una mujer presidente, la tercera de Centroamérica tras de Nicaragua y Panamá.

Llega a tiempo a incidir en la conciencia política de Iberoamérica, antes de que dejen el cargo las presidentes de Chile y Filipinas. Nunca antes hubo 4 jefas de estado al mismo tiempo; el mundo iberoamericano se muestra efervescente en materia de elecciones y en casos como éste, nos presenta una cara tal mostrándose con el claro ánimo dentro de su clase política, para catapultar mujeres a la jefatura del estado, tarea encomiable que rompe atavismos culturales. Un personaje, Laura Chinchilla, que ha sabido conjuntar ideas y proyectos, alianzas y propuestas, con lo cual su éxito se ha conseguido en las urnas. Costa Rica ha votado antes que por la continuidad, por la certeza.

Por el momento suma su nombre a la lista de mujeres del mundo hispánico que encabezan o han encabezado gobiernos. Da una lección de política capaz de forjar alianzas y más allá del padrinazgo que ha supuesto el apoyo de Oscar Arias a su candidatura, es también una muestra palpable del empoderamiento encomiable de las mujeres y una lección de igualdad y democracia que demuestra una vez más que de existir las capacidades para forjar alianzas, para proponer soluciones, para sobrevivir a los rivales políticos, para establecer márgenes de negociación y para lograr consensos, en resumen, para manejar la alta política, entonces se allana el camino para alcanzar cargos de gran relevancia como la presidencia del gobierno.

Por ende, desde México valga la admiración y el reconocimiento a Costa Rica. Su clase política debería de tomar nota puntual de lo sucedido en la nación hermana centroamericana. Para México en el centenario de su revolución social que conmemora este 2010, no puede haber pretextos valederos en su discurso para evitar el reconocimiento de la imperiosa necesidad de construir caminos viables para encumbrar a las mujeres a la jefatura del estado, en el seno del sistema partidario. La elección de Laura Chichilla es una nueva severa llamada de atención al pueblo y a la clase política mexicanos. Es una elección ineludible. Es un triunfo atronador para los que dicen sin más sustento que las telarañas mentales en que apoyan su dicho, que México no está preparado.

Si de cara a la sucesión de 2012 no existen en México, como algunos alegan, candidatas fuertes y con posibilidades de triunfo, será ante todo y por sobre todas las cosas, por una acuciante y enfermiza falta de ánimo para que eso suceda, para construir y permitir liderazgos femeninos en el ámbito político, no tratándose pues, de capacidades ni de resultados afortunados a considerar en tarea de gobierno, en caso de decidirse por una mujer presidente. Costa Rica ha podido dar el paso ¿por qué México, no?

No hay más que es una lamentable falta de voluntad política que impide a México abrir el camino que facilite perfilar a una mujer a la presidencia. Pese estar ya inmersos en la carrera presidencial y ser el momento para hacerlo. Cada elección mexicana que pase sin que exista una posibilidad real de que una mujer alcance la máxima magistratura del país, será un elemento de atraso en su conformación política como país, pretextando un sinfín de argumentos burdos que carecen de solidez para no apostar a una mujer presidente. El mundo va en ese rumbo. ¿Y México? al respecto ¿qué espera para actuar y ponerse a la vanguardia?
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