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Caos griego

jueves 11 de febrero de 2010, 03:04h
La crisis económica está haciendo que afloren viejos debates entre euroescépticos y europeístas convencidos. Desde aquella Unión de Doce se ha pasado a la actual Europa de los Veintisiete, con todo lo que ello conlleva. Como por ejemplo, las enormes diferencias entre países como Alemania o Grecia, motor y furgón de cola respectivamente la economía del continente. El caso griego es especialmente grave, toda vez que el país está al borde del colapso económico. Ha tenido que ser la Unión quien acuda al rescate; aunque, como ha anunciado el comisario Almunia, “no a cualquier precio”, ante el temor de sentar un peligroso precedente. Una advertencia que hace eco a parecidas declaraciones de la señora Merkel.

La reconvención es ilustrativa. Y didáctica. En este drama de la crisis, debemos imaginar de vez en cuando qué sería en un escenario sin el Euro y la disciplina europea. ¿Se imaginan vds. al señor Zapatero manejando ambas variables a golpe de “ocurrencia”. La hipótesis más verosimil: el “corralito” y el dólar a 400 pesetas. Es inevitable pensar en el efecto pedagógico de la disciplina europea. Por más que los políticos profesionales, empresarios del poder, se escuden en “conspiraciones”, lo que a los ciudadanos nos interesa –poco importa el partido- es que cuanto antes los “conspiradores” embriden a los zapateros de este continente. Como parece que ocurrirá en Grecia.

El panorama que tiene ante sí Grecia es sumamente complicado. Las duras medidas de ajuste han ocasionado que los sindicatos paralicen el país con una huelga salvaje, ante los recortes a que ha de hacer frente Atenas si quiere salvar la situación. Pero eso es precisamente gobernar: adoptar las decisiones que más convengan, en función de la coyuntura imperante, por impopulares que sean. Bien es verdad que en esta ocasión vienen impuestas desde Bruselas, pero lo cierto es que su aplicación es inminente .e inevitable-. Tienen razón ahora los euroescépticos que se quejaron en su momento del -a su juicio- excesivo número de países bajo el paraguas de la Unión, y los posibles problemas que su falta de viabilidad podía ocasionar al conjunto. Pero esos mismos euroescépticos también deben ver ahora que gracias a que Grecia se cobija bajo ese paraguas común, tiene dónde agarrarse. O, mejor dicho, se ve obligada a hacerlo. A los efectos, el gobierno griego, de izquierdas, no ha dejado lugar a dudas: impondrá los ajustes y reformas que sean necesarias. Llueva o truene. Con huelgas o sin ellas. Bienvenido sea, si sirve de aviso a navegantes.


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