El papel y el escenario lo aguantan todo
viernes 12 de febrero de 2010, 04:13h
Hasta que la realidad de los hechos se impone. La venta del producto es fundamental. Viajes, imagen, puesta en escena, proyección de datos, power-point y colores. Todo eso está muy bien. Pero –dicen los ingleses- “at the end of the day, you’ll have to deliver”: al final, la realidad del producto tiene que cumplir las expectativas. Y cuanto más aparatosa la escenografía, mayores las expectativas. Los comerciales de cualquier empresa lo saben muy bien.
El Presidente Zapatero ha conseguido un respiro. No del Financial Times, que da un poco lo mismo. El mercado –que es lo que importa- le ha otorgado, en cifras, que es lo que cuenta, el beneficio de la duda. No es un éxito menor con los datos económicos de partida. Pero las políticas del gobierno español están bajo estrecha observación. Los mercados van a exigirle que el escenario y las cifras adelantadas y representadas en la última puesta en escena se materialicen en hechos probados. Se lo demandarán pronto y lo expresarán con dinero de manera implacable. Porque, efectivamente, los mercados “conspiran sobre los precios”. La cita es de Adam Smith. Hace dos siglos largos que el ilustrado escocés observó lo que hoy parecen haber descubierto los políticos zapateristas: que la ambición y la codicia son características de la naturaleza humana y motor del sistema capitalista. De modo tal, que el señor Blanco se nos aparece como el Capitán Renaut descubriendo al salir del casino de “Casablanca” ,cual cortesana ultrajada, que “aquí se juega”. Y ciertamente que en eso consiste el juego: en especular para maximizar beneficios.
No quisiéramos encontrar en nuestros gobernantes la corrupción del personaje de la famosa película. Pero imploremos para que detrás de sus palabras se oculte el mismo cinismo. La alternativa denunciaría una ignorancia acerca de la naturaleza del sistema poco tranquilizadora. Tampoco es una señal sosegada empezar comprometiendo otros 500 millones de euros. Sin necesidad de confiar, esperemos por el bien del país que la inmensa mayoría de los economistas se equivoquen y que, por una vez, las cifras del Gobierno sean más realistas que voluntaristas. Pero si nuestros gobernantes creen que el expediente ha quedado resuelto con un ejercicio cosmético, andan muy equivocados. Pocas cosas hay que penalicen más los mercados que las expectativas frustradas.