reseña
Alexandre Dumas: Los hermanos corsos
sábado 13 de febrero de 2010, 01:30h
Alexandre Dumas: Los hermanos corsos. Traducción de Javier Albiñana. Nórdica. Madrid, 2009. 184 páginas. 15 €
Los hermanos corsos es quizá una de las novelas menos conocidas de Alexandre Dumas. Junto con Gabriel Lambert o Cecilia de Marsilly, forma parte de ese grupo de obras suyas de algún modo eclipsadas por el enorme éxito alcanzado en 1844 por Los tres mosqueteros.
Se trata de una de las pequeñas joyas de la literatura francesa del siglo XIX. El espíritu romántico de la época envuelve al lector a través de unos personajes pintorescos que luchan por defender sus ideales caballerescos. El amor perdido y la defensa del honor, siempre presentes en la obra, acarrearán consecuencias fatales para aquellos que todavía creen en lo imposible.
Marzo de 1841: Dumas emprende un viaje a Córcega dónde conoce a los Franchi, una familia de ideología independentista que vive ajena a la realidad. El autor ilustra majestuosamente el contraste sociológico de la Francia provinciana respecto de la gran capital gracias a los gemelos Franchi, el “salvaje” Lucien que elige la tradición –es decir, vivir en Córcega– y Louis “el afrancesado”, quien atraído por sus inquietudes intelectuales decide trasladarse a la Ciudad de la Luz. Pese a la separación, los gemelos permanecerán unidos por telepatía, un don otorgado a los Franchi desde varias generaciones. Aunque Dumas abordará posteriormente el género fantástico (Joseph Basalmo o El conde de Monte-Cristo), es aquí cuando, por vez primera, la cognición anómala y los ideales románticos van de la mano.
Una vendetta corsa o un duelo en el Bois de Boulogne realmente no son tan diferentes. En ambos casos, el destino decide quién vive o muere por mantener unas diferencias insuperables. Triste aquél que no acierta a demostrar su honor en pro de sus ideales: vengar la muerte de un ser querido en el caso de Lucien o, para Louis, pelear hasta las últimas consecuencias por el amor de una mujer.
Los hermanos corsos impregna al lector de optimismo: la vida, aunque llena de injusticias, merece la pena vivirla intensamente. Con esta obra, Alexandre Dumas demostró nuevamente por qué está considerado uno de los más importantes escritores de la Francia del XIX.
Por César Rubio Márquez