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¿Por qué interviene el Rey?

martes 16 de febrero de 2010, 19:56h
Realmente vivimos un momento delicado en nuestra presente España democrática. Dentro de las diversas causas que influyen en el mismo, hay una que es la preponderante y estimo arrastra al resto de causas. Me refiero sin duda a la partitocracia que envenena desde hace ya algunas legislaturas la vida democrática de este país. Si el lector reflexiona sobre ello, verá que es más grave que la tan temida crisis económica, pues una nación institucional y democráticamente desarrollada, aunque con problemas, dificultades y sacrificios, puede superar una crisis económica con las dimensiones de la presente. Miren sino a otros países de nuestro entorno. Pero una nación institucional y democráticamente débil es presa fácil de cualquier problema grave y serio que ponga a prueba la fortaleza de un Estado, como tal.

Es en este contexto, y no en otro, en el que debemos situar la intervención del Jefe del Estado. Lo primero que debemos señalar, es que el Jefe del Estado ha intervenido conforme al mandato regulado en el artículo 56.1 de nuestra Norma superior. Debemos conocer cómo funciona nuestra monarquía parlamentaria, el Rey no tiene poder político, como tal potestad, pero sin duda que como Jefe del Estado, tiene un autoritas institucional que le corresponde a quien simboliza la “unidad y permanencia del Estado”, como reza el citado artículo. Por lo demás, este importante artículo en nuestro entramado institucional, indica que “modera el funcionamiento regular de las instituciones”. Normalmente la actuación del Monarca suele ser más ad intra que ad extra, esto es, más confidencial que pública. Sin embargo, el Jefe del Estado tiene que defender el Estado y su funcionamiento. El Estado lo componen los diversos poderes constituidos o públicos, como el Gobierno, el Parlamento, el Poder Judicial, el Tribunal Constitucional, o él mismo, que también es poder constituido (Título II CE) y cuya denominación más habitual es precisamente la que acaba de ejercer: Poder Moderador. Dentro de él, el Jefe del Estado anima y estimula el funcionamiento del resto de instituciones políticas. Por lo tanto, su actuación es conforme a Derecho, respetando los parámetros marcados en nuestra Norma jurídica superior. No ha hecho más, por tanto, que defender el interés del Estado, esto es, el interés general. En él Rey no hay electoralismo, ni demoscopia, ni próximas elecciones, esa posición institucional y neutral le posibilita animar a los actores políticos a no perder de vista su objetivo primero: el servicio a los ciudadanos, por encima de otros espurios intereses que parece guían a PSOE y PP.

Pero lo más relevante, es lo que se deriva de la necesidad de que el Rey tenga públicamente que intervenir. ¿Cuál es la cuestión de fondo que obliga al Monarca a salir al ámbito de lo público? Simple y llanamente que el Estado y sus instituciones no están funcionando como tal Estado democrático. El Estado es la defensa del interés general, de lo público, del bien común. El Estado está al servicio de los ciudadanos, del que emanan todo el resto de poderes (art. 1.2 CE).

PSOE y PP han perdido esta perspectiva de lo público, del servicio a los ciudadanos. Ningún español sensato duda que con el PSOE y el PP actuales la transición política habría sido imposible. Zapatero lo ha dicho clarísimo: cuestiones ideológicas no le permiten pactar con el PP. Se imaginan que Suárez y González se hubieran espetado tal exabrupto. Qué me dirían de Carrillo o Fraga. Nuestros actuales políticos son “de cuarta”, pero no lo digo como ofensa, ojala estuviera equivocado, lo dramático es que es una honesta y a la vez amarga -todos perdemos- constatación de sus actuaciones diarias.

Concluyo, el Rey ha mandado un claro mensaje dentro de sus funciones constitucionales. Los principales receptores del mismo, PSOE y PP, están demostrando para tragedia de todos, que más que ser la solución a nuestros problemas, empieza a demostrarse que son una parte esencial de los mismos. Los hechos no pueden ser más claros y tozudos.
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