El Rey pidió consenso, y nada más alejado del consenso es lo que el Congreso de los Diputados pudo vivir en su primera gran sesión del año. "Más de lo mismo", admitieron diputados populares y socialistas después del debate. El resto de grupos ha expresado su preocupación ante los discursos vacíos y centrados en cuestiones personales que se vienen dando en los últimos tiempos. El clima político que generó la negociación con Eta en el primer mandato de Zapatero ha llegado en el segundo con la crisis bajo el brazo.
El debate en Pleno de este pasado miércoles en el
Congreso de los Diputados sorprendió a propios y a extraños. Era de esperar que la propuesta de
pacto de Estado del presidente del Gobierno al resto de los partidos fuera rechazada sin ambages por el
Partido Popular y acogida con frialdad aunque disposición por parte de los grupos minoritarios. No lo era tanto que, previo consejo del Rey para que la política alcanzara un consenso, el Gobierno fuera testigo de una profunda ruptura con el principal partido de la oposición y de un enfrentamiento entre líderes más propio hasta la fecha de sus escuderas
María Teresa Fernández de la Vega y
Soraya Sáenz de Santamaría.
Mariano Rajoy, duro, no concedió oportunidad a rubricar acuerdo alguno con un Gobierno que, en su opinión, "tiene que rectificar a fondo", pero esta vez ahogó uno de los principales argumentos socialistas, muy empleado por
Leire Pajín o por
José Blanco, de que el Partido Popular obstaculiza al Ejecutivo sin aportar alternativas a su política. Rajoy supedita el pacto a que el Ejecutivo no aplique la subida de los impuestos sobre el ahorro y el valor añadido, a que las empresas no paguen el IVA hasta que cobren las facturas o a que el Gobierno reduzca el número de altos cargos en un 25 por ciento.
El líder de la oposición propuso también la vuelta a la
Ley de Estabilidad Presupuestaria y establecer techos de gasto y topes de endeudamiento, así como cambiar la dinámica del fondo de inversión local y aprobar una ley contra la morosidad. "Si hiciera usted esto", expuso Rajoy, "empezaría a dar muestras de que se toman en serio las cosas; entonces podremos hablar de la reforma laboral, de un nuevo modelo de contrato, de la reestructuración del modelo financiero, de pensiones y de competitividad".
Sin embargo, los titulares de la sesión no hablaban de economía y sí de los ataques que
Rodríguez Zapatero y Rajoy se lanzaron con mayor o menor disimulo y con el aplauso en pie de sus respectivas bancadas, hecho que no pasó inadvertido para el resto de partidos, molestos por el exceso de protagonismo de los líderes en detrimento de la política y las soluciones a los problemas de los españoles. De la calma tensa y la desconfianza que ha reinado en el hemiciclo desde el arranque de la legislatura, la situación ha tornado en una ruptura sin posible cicatrización, en frases más o menos ingeniosas pero dirigidas al punto débil del líder rival y no a su gestión y, por último, al contagio de sus diputados, que incluso en materias de segunda y tercera fila cargan de descalificaciones el discurso. Es por eso que el resto de grupos asiste atónito al espectáculo y se sienten fuera de lugar.
Ana Oramas, portavoz de
Coalición Canaria, pidió a Rodríguez Zapatero y a Rajoy que estén "a la altura de las circunstancias" y que "no se vaya cada uno a su rincón". España, recordó, les está "reclamando" un esfuerzo similar al realizado con los
Pactos de la Moncloa de 1977 porque las circunstancias actuales son "gravísimas". Oramas explicó que los ciudadanos "no entienden" la "sordera y cerrazón" ni los “juegos de ping pong", por lo que exigió un "mínimo margen de confianza mutua" entre los dirigentes socialista y popular.
El PP no será "cómplice"EL IMPARCIAL se ha puesto en contacto con diputados populares y el mensaje es claro: van a escuchar al Gobierno y acudirán siempre que sean convocados, pero no serán "cómplices" de su gestión a menos que su
política económica "dé un giro de 180 grados".
Las declaraciones públicas de los dirigentes populares son similares a las que realizan a micrófono cerrado. Acudir al despacho de
José Antonio Alonso es un mero formalismo "y nada más", asegura desde la
Carrera de San Jerónimo un destacado diputado del PP.
Esteban González Pons empleó el lenguaje coloquial para opinar sobre la reunión con los socialistas: "Si hay que ir se va, pero ir 'pa ná' es tontería".
Soraya Sáenz de Santamaría dijo que un acuerdo es cosa de dos, aunque no especificó cuál de las dos partes está menos dispuesto a lograrlo. Ha sido ella quien, sin haberse producido aún el encuentro, ya sabe que "acabará en nada". Por su parte, Rodríguez Zapatero se encargó de recordar a
Mariano Rajoy que el pacto de Estado no quiere decir que todos puedan proponer, sino que es el Gobierno el que lleva la iniciativa. Así, el
Partido Popular, al conocer sobradamente la línea de las medidas del Ejecutivo y al saber que sus sugerencias serán escuchadas pero no estudiadas, ha decidido dar un paso adelante en su oposición y endurecer el discurso.
Ese discurso pasa por aconsejar a la bancada socialista que se plantee la conveniencia de que Rodríguez Zapatero continúe en el poder por amenazar con una moción de censura sin visos de triunfo y por recordar que su partido es "una mayoría dispuesta a gobernar". El presidente del Gobierno, con gesto de sorpresa y sonrisa descreída, le retó "si tiene valentía y coraje” a que presente esa moción.

Entonces, la sesión monográfica en el Congreso comenzó a tomar otro cariz. Petición de
disolución de las Cortes y convocatoria de elecciones por parte del PP y una nueva mofa de Zapatero en el estrado por las dos derrotas electorales de Rajoy. Y fin del contenido político. El esperado debate en el Parlamento quedó en "más de lo mismo", como reconocieron a Efe diputados socialistas y populares al concluir la jornada.
Parece que el único sostén de este no pacto de Estado, descafeinado sin el PP, es
CiU, con las elecciones catalanas en el horizonte y en un intento de
Durán i Lleida de hacer de visagra entre los dos grandes partidos. Todos los grupos salvo el socialista, como es lógico, desconfían de Zapatero aunque, pese a ser muy críticos, están dispuestos a negociar, con todo lo que conlleva el término negociar y con algo más que palabras -infraestructuras para determinadas regiones- de por medio.
El Rey pidió un amplio consenso, pero el debate dio lugar a nuevas estrategias: la del intento de aislamiento del PP por parte del PSOE y la de intento de aislamiento del PSOE por parte del PP. La única certeza, horas después de la ruptura definitiva de toda esperanza de pacto de Estado, es que el choque que el terrorismo motivó en el primer mandato de Rodríguez Zapatero es un precedente muy similar en la segunda y así lo admiten en los dos bandos. La política irreconciliable seguirá dando bandazos hasta las próximas elecciones, que se celebrarán, a tenor de la cerrazón generalizada, cuando así lo decida
José Luis Rodríguez Zapatero.