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Aznar el fascista

domingo 21 de febrero de 2010, 19:08h
Cuando pienso en lo voluble y volátil que es el significado de algunas palabras me doy cuenta de lo poco útiles que resultan los diccionarios. Las palabras son como figuras de plastilina que manejamos a nuestro antojo, sin importar si lo que designan es incluso lo contrario de lo que estamos nombrando con ellas. Lo importante, al fin y al cabo, es su sonoridad, su contexto, las connotaciones que traen consigo. La imagen directa que producen en nuestro cerebro, como si su sola escucha apretara botones que dieran rienda suelta a emociones y sentimientos. Actúan como estímulos pavlovianos provocando una acción-reacción en la que no media el más mínimo ejercicio intelectual. Al fin y al cabo, así resulta más fácil, menos complicado y sencillo. Para qué plantearse el auténtico significado de lo que decimos, si al final lo único que pretendemos es engorilarnos, sentirnos más parte del grupo, del colectivo que se adueña del significado de esas palabras, que decide -sin mentarlo- qué quieren decir en ese contexto y que las arroja como bombas incendiarias, como carnaza sobre los perros jadeantes.

Palabras como democracia, fascismo o terrorismo, por poner tres ejemplos muy claros, son manoseadas, vaciadas de significado y utilizadas en una guerra de trincheras en la que, paradójicamente, el intercambio de razones es sustituido por los puñetazos lingüísticos que tienen de razonable y pensado lo mismo que un escupitajo en la cara del adversario. Así, me hace gracia leer la noticia de que un grupo de estudiantes trató de impedir a Aznar hablar el otro día en Oviedo llamándolo fascista. Me parece una ironía que haya quien en nombre de la democracia se pasé el principal fundamento de la misma por el arco de triunfo y, además, utilice para ello alegremente palabras que desgasta y vacía de contenido con solo mentarlas. Porque la democracia se basa en el respeto al adversario, en una competición en igualdad de condiciones, basada, básicamente, en la posibilidad de poder exponer y difundir las ideas propias para que la sociedad después decida si las comparte o no.

Aznar no es precisamente mi modelo de político favorito. Estoy en desacuerdo con muchas de las cosas que hizo, entre otras, la tan manida y mediatizada guerra de Irak. Pero no creo que sea un fascista ni un antidemócrata. Creo que es un político de derechas, conservador, con malas formas sí se quiere, y con muy poco don de gentes. Con un pasado de connivencia con el franquismo, cosa que nos guste o no, comparte con muchos políticos de su generación, y no sólo del PP. Que podrá gustar más o menos pero que en los ochos años que gobernó tomó decisiones buenas y malas, que gustaron o no, pero siempre respaldado por los votos que le dio la sociedad en su momento. Cuando su gestión se tornó equivocada, o al menos así lo entendieron los votantes, las urnas marcaron un nuevo rumbo y le dieron la victoria a nuestro actual presidente, Zapatero.

Se le podrá descalificar de muchas y muy diversas formas. En eso consiste también la democracia. Pero empeñarse en hacerlo de fascista y antidemócrata y, por lo tanto, condenarlo al ostracismo del silenciamiento violento -algo que ya intentó ETA en su día, demostrando lo que es un comportamiento auténticamente fascista-, es una paradoja peligrosa y absurda. Absurda porque se descalifica así misma en su propio sinsentido. Peligrosa porque al llamar antidemócrata a quien no lo es y considerar democráticas actitudes que están en las antípodas de una auténtica democracia, corremos el peligro de acabar siendo esclavos de nuestras manipulaciones. Porque aunque las palabras son volubles, la realidad es implacable. Porque hasta a una dictadura se le puede acabar llamando democracia; porque si llamamos fascistas a los otros simplemente porque no nos sentimos partícipes de sus ideas corremos el peligro de no enterarnos cuando lleguen los fascistas de verdad. Y entonces, como en el cuento del pastor y el lobo, ya nadie nos creerá..

Regina Martínez Idarreta

Periodista

Regina Martínez Idarreta es investigadora del Instituto Universitario Ortega y Gasset

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