El concepto de “alarma social” en España
martes 23 de febrero de 2010, 02:17h
En agosto hará dos años de la tremenda paliza que sufrió el profesor Jesús Neira, cuando intentaba defender a una mujer que estaba siendo agredida por su pareja. Como consecuencia de ello, Neira permaneció casi un año hospitalizado, período durante el cual llegó a temerse por su vida y aún hoy padece secuelas de aquel aberrante ataque. Ocurre que el protagonista de los hechos, el ya célebre Antonio Puerta, estará en breve en la calle al decretar su libertad bajo fianza un juzgado de Majadahonda. Es perfectamente comprensible la indignación de Jesús Neira ante la liberación de un sujeto como Puerta, maltratador y agresor por partida doble.
Pero el caso es aún mas grave, si cabe, ateniéndonos a las circunstancias concurrentes los días posteriores a la agresión. El circo televisivo que se montó a costa de la ingrata “agredida”, quien se lucraba en programas de telebasura mientras su defensor se debatía entre la vida y la muerte, no tiene parangón alguno. Hecho aquello entonces, porqué no repetirlo ahora, con Puerta en la calle. Eso sí que es “alarma social”. Al igual que lo es el que un delincuente que ha estado a punto de matar a una persona -y quién sabe si a dos, de no haber mediado Neira- recobre su libertad apenas año y medio después de cometida su fechoría, dado que su juicio aún no se ha celebrado.
Y también causan alarma social situaciones como la anteriormente descrita en una ciudadanía que ha de padecer cómo con sus impuestos se sigue sosteniendo a un sistema penal con una excesiva lenidad, y gracias al cual delinquir en España sale sumamente barato. Baste si no echar un vistazo a la Ley del Menor y sus calamitosos efectos en casos tan graves como el del asesinato de Sandra Palo. Con todo, no es sólo un problema de saturación de la justicia -que también-, sino de la excesiva protección que del delincuente hacen determinados juzgadores. Cierto es que no debe abusarse de la prisión provisional y que la reeducación del delincuente ha de ser un factor a tener en cuenta a la hora del cumplimiento de una pena. Pero la sociedad merece un sistema penal que la preserve de quienes, por la gravedad de sus acciones, han de cumplir penas privativas de libertad acorde con los hechos cometidos, y no como hasta ahora. Desgraciadamente, no hay muchos “Jesús Neira” y sí en cambio abundan los “Antonio Puerta” que entran por una idem y salen por otra ante la inoperancia de una justicia que, desde luego, crea alarma social.