Saber ganar, saber perder
miércoles 05 de marzo de 2008, 19:10h
Treinta y cinco millones de voluntades son suficiente argumento para decidir el día 9 de marzo sobre razones y sinrazones que se han enfrentado y contrapuesto durante este largo proceso electoral. De los treinta y cinco millones de electores tomarán la palabra veinticinco o veintiséis millones, un número más que suficiente para ser respetado. Los planteamientos políticos ideológicos y programáticos, los partidos políticos, sus líderes y candidatos, recibirán el dictamen inapelable de las urnas.
Hay que saber ganar y saber perder. En la teoría y en la práctica he defendido el derecho de los políticos a buscar siempre la victoria propia en un proceso electoral pero nunca se deben quemar las naves ni excluir la posible victoria del adversario. La esencia de la democracia consiste en la igualdad de oportunidades y en la posibilidad de la alternancia. En la guerra, el ganador destruye al enemigo, en la batalla democrática no hay enemigos, sólo adversarios que ganan o pierden sin perder la garantía de poder enfrentarse en una próxima ocasión.
El día 9 de marzo por la noche, Rajoy y Zapatero deberán, uno felicitar al adversario triunfador y el otro ofrecer al derrotado el respeto a su derecho de oposición en temas de Gobierno y de acción dialogada y consensuada en temas de Estado. El ganador tendrá el poder para poner en práctica sus ideas y el perdedor el derecho y el deber de seguir luchando por defender las suyas.
Para saber ganar y saber perder es importante que los políticos hagan del día de reflexión una referencia intelectual y del día de votación el primero de los valores de su escala moral, porque la esencia de la política democrática se establece en la correspondencia entre representantes y representados, en la ley de la representatividad.
En ciertas situaciones democráticas, el grado de enfrentamiento y descalificación llegan a tales niveles que no se entiende cómo ninguno de los contendientes puede llegar a tener la legitimidad de gobernar. Pero la legitimidad no la da el adversario político sino la mayoría de los ciudadanos. Y siendo así, nunca debería ignorarse tal posibilidad para el contrario, porque existe la probabilidad de que su victoria obligue a aceptar la derrota como única opción de continuidad política.
El talante ganador es fundamental para todo candidato, pero nunca debe uno proponerse lo imposible aunque deba tenerse la confianza firme de superar lo probable. A los electores les gusta que su candidato muestre la esperanza y seguridad en superar los pronósticos de los sondeos, una mentalidad ganadora. Pero todo candidato debe tener en cuenta las reglas del juego democrático que exigen las actuaciones, declaraciones y actitudes de unos y otros al conocerse los resultados de las votaciones, de uno como ganador, de otro como perdedor y de otros como satisfechos o desilusionados.
En mi libro Elecciones escribí lo siguiente en el último capítulo: "El candidato deberá planificar su actuación, sus declaraciones, su estrategia para reaccionar ante los resultados, para saber ganar y saber perder. Es básica una buena comunicación explicando claramente, si se ha ganado, por qué, y anunciando las líneas básicas de Gobierno y, si se ha perdido, tratando de hacer llegar a los electores un mensaje de tranquilidad y esperanza. Alguien gana y alguien pierde en unas elecciones y el candidato tiene que haberse preparado para ese momento del triunfo o la derrota más o menos dolorosa. Deberá actuar con aplomo y con las declaraciones más adecuadas. La democracia le dará pronto otra oportunidad".
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Consultor político
JOSÉ LUIS SANCHIS es Asesor Empresarial en Imagen y Comunicación, así como Consultor político y Director de Campañas Electorales
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