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El día después

Javier Zamora Bonilla
miércoles 05 de marzo de 2008, 19:18h
Vivimos en una sociedad volátil, líquida la ha llamado Bauman. Si esto es positivo o en qué medida lo es, es cuestión que irá precisando el tiempo. Las rigideces sociales han sido siempre superadas por fórmulas más flexibles, por ejemplo en el paso de una sociedad estamental a una sociedad meritocrática o en el paso de la estricta moral victoriana a formas de relación social más espontáneas. Sólo una nostálgica carcunda puede suspirar hoy por morales del pasado en aspectos como las relaciones de pareja, por citar un caso. Mas ¿qué grado de liquidez puede soportar una sociedad? es una cuestión que debería ocuparnos. Si todo se diluye, no habrá dónde asentar las sociedades políticas. Llegaremos a un tipo de hombre superficial, sin fondo y, por tanto, fácilmente maleable por los estados de opinión generados por los medios de comunicación de masas. Ese tipo de hombre se dejará cautivar por las ideas más simples, que suelen presentarse de forma totalitaria. De estas cosas habló hace años con notable lucidez Francisco Ayala en textos que acaban de publicarse recopilados como Ensayos políticos: Libertad y liberalismo.


¿Y qué tiene que ver esto con "el día después"?, se preguntará algún lector atento al título que sabiamente haya pensado que el día después es el día 10. Pues mucho, porque la ausencia de principios en política, la liquidez en política, es peligrosa y conviene que el día después los partidos que representan a la inmensa mayoría de los ciudadanos, sea cual sea el resultado, pongan las bases de los principios que deben guiar a la sociedad española en el futuro y que pasan por transformar a la misma en una sociedad del conocimiento, donde el valor principal sean sus ciudadanos bien formados, capaces de desarrollar y utilizar las nuevas tecnologías de la información y de afrontar retos como la biotecnología, la tecnociencia o la nanotecnología.


Habrán pensado muchos que ¡con qué cosas nos viene este señor! cuando estamos enzarzados vehementemente en quién ganará el día 9 y una inmensa mayoría convencidos de que será el suyo. Yo siento no tener el mío. Los cara a cara me han parecido más bien un jeta a jeta, de dos hombres impertérritos ante los argumentos del contrario, en el fondo sin escucharse. No obstante, hay que votar, porque el voto es el sustento de nuestros sistemas representativos. Costó mucho históricamente pasar de un sufragio censitario al sufragio universal y no es cuestión de desentenderse ahora del mismo. Que cada uno vote por su orientación esencial en la vida. Lo mío ya está dicho.

Javier Zamora Bonilla

Profesor de Historia del Pensamiento Político

JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.

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