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reseña

Carla de la Vega: En el harén de Estambul

viernes 26 de febrero de 2010, 12:07h
Carla de la Vega: En el harén de Estambul. Styria. Barcelona, 2009. 224 páginas. 16 €
Turquía es un país apasionante, por definición lleno de contradicciones y pluralidad. Y es precisamente esto lo que Carla de la Vega ha tratado de reflejar en El harén de Estambul, centrándose en la siempre delicada situación de la mujer. A través de las historias poliédricas y antagónicas de cuatro mujeres turcas, la periodista consigue realizar un certero retrato de un país que se debate entre Oriente y Occidente; en el que la modernidad y cosmopolitismo de Estambul chocan con las costumbres retrógradas y cerriles de algunas zonas del interior; en el que el laicismo impulsado por Atatürk hace casi un siglo, aún convive con un sentimiento religioso que se resiste a circunscribirse al ámbito privado.

La autora cae, sin embargo, en un relativismo peligroso a la hora de situar en el mismo nivel las penurias de Zelal, mujer amenazada de muerte por haber abandonado a su marido, tras años de maltratos, con las peripecias que debe llevar a cabo Sennur, una estudiante, para poder asistir a la Universidad con velo islámico, a pesar de estar prohibido. Situarse en la posición de una cámara fija que simplemente se limita describir la realidad turca es una opción totalmente legítima. Pero De la Vega iguala, seguramente sin intención, causas a consecuencias, porque no hay que olvidar que el origen de las palizas que recibe Zelal está en la filosofía que avala el velo que con tanto fervor defiende Sennur: la cosificación de la mujer como un ente maligno que provoca al hombre.

No se puede denunciar el horror que sufren miles de mujeres en el mundo islámico –a quienes se culpa incluso de las violaciones que sufren, imponiéndoles la pena de muerte por las mismas– sin señalar que el shador es el símbolo de ese supuesto pecado original que la mujer lleva de serie. Porque esa misma es la excusa de quien pega diariamente a su mujer o la mata por mirar a otro hombre.

Ayse, una estambulita moderna, fanática de Sexo en Nueva York, completamente liberada, y Rashel, una sefardí encantada de que su vejez la haya apartado del punto de mira masculino, completan el calidoscopio turco, que cambia según el ángulo en que se mire.

Por Regina Martínez Idarreta
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