LA ESPERANZA SE ABRE PASO EN EL ULSTER
miércoles 05 de marzo de 2008, 20:53h
El reverendo Ian Paisley, imagen del unionismo radical durante medio siglo y actual ministro principal del Ulster -cuya responsabilidad de gobierno comparte con sus otrora irreconciliables enemigos del Sinn Fein-, anunció que se retirará en el próximo mes de mayo. Parece que dicha retirada será definitiva, toda vez que el viejo líder probritánico tiene la pretensión de desaparecer por completo de la escena política. Independientemente de que el poder desgaste, la figura de Paisley se había ido apagando con el paso del tiempo. Atrás quedan sus soflamas contra los católicos -políticamente hablando- de Irlanda del Norte, sus invectivas hacia Dublín y su decidido apoyo a grupos paramilitares unionistas, como la Fuerza de Voluntarios Lealistas (LVF) y los Luchadores por la Libertad del Ulster (UFF). Siempre se le vio como un escollo difícilmente salvable a la hora de buscar la paz en el Ulster. Pero el IRA movió ficha, renunciando a la lucha armada y poniendo fuera de uso -certificado por observadores internacionales- sus arsenales. No le quedó otra salida al unionismo radical que adaptarse a la nueva coyuntura, propiciada tras los Acuerdos de Viernes Santo de 1998, y que culminaba con la formación de gobierno junto a Martin McGuiness, del Sinn Fein -y, de quien se dice, fue miembro destacado del IRA-.
Fue precisamente su buena sintonía con el antiguo enemigo la que despertó los recelos en sus propias filas. Y lo que es visto por los radicales como un signo de debilidad, ha de ser interpretado precisamente al revés: quien antaño representase el lado más intransigente de la política norirlandesa, ha sabido evolucionar hacia posiciones de entendimiento sin renunciar a sus convicciones. Tanta violencia era insufrible, y junto a McGuiness y Gerry Adams, ha sido capaz de ofrecer un gobierno de unidad a su pueblo. Ambos lados han tenido que transigir con lo innegociable, pero el resultado ha valido la pena. Dentro de una vida de claroscuros, conviene quedarse con el final de la trayectoria política de Paisley, ya que gracias a reconsideraciones como la suya -y las de otros- hoy el Ulster vive en paz.
Y una última reflexión, a propósito del mal llamado "ejemplo irlandés". Es digno de importar todo aquello que enriquezca, y la imagen de un hombre que ha sabido evolucionar del radicalismo hacia postulados pacíficos entra dentro de este caso. Pero la situación de Irlanda del Norte no es comparable ni equiparable al "continente". Y menos a España, nación soberana en cuyo territorio un puñado de fanáticos nacionalistas pretende imponer por las armas una república socialista sobre una base territorial inventada por un visionario megalómano. Toda comparación es odiosa, y ésta, más.
EpC: UNA ASIGNATURA INNECESARIA
La decisión del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía de reconocer el derecho de unos padres de Huelva a ejercer la objeción de conciencia frente a la polémica asignatura Educación para la Ciudadanía, además de sentar precedente, ha vuelto a poner sobre el tapete la conveniencia o no de la obligatoriedad de la misma. Más allá de debates de marcado tono político o electoralista, lo único claro es que si hay una forma segura de reconocer que el político se equivoca es cuando legisla sin necesidad. Y éste es precisamente el caso de la creación en 2006, en el marco de la enésima reforma de la enseñanza secundaria, de la asignatura Educación para la Ciudadanía. Lo que muestra inapelablemente su carácter caprichoso es que los contenidos de la EpC ya se daban bajo el nombre de Ética en cuarto de la ESO. La imparte el departamento de Filosofía y sus objetivos, y contenidos didácticos coinciden en gran medida con los que postula la nueva ley, por ejemplo, declaración universal de los Derechos Humanos, su presencia positiva en nuestra Constitución de 1978, las formas y valores que hacen posible la convivencia en nuestras sociedades, en fin, las reglas de juego que nos damos para resolver nuestros conflictos interpersonales, sociales, laborales, etc, así como los ideales que nos animan a ser mejores. Todo eso estaba ya en esa discreta asignatura que, por cierto, tenía seis horas en el antiguo BUP.
Y llega el Gobierno socialista y lo pone todo patas arriba. Provoca una "guerra de religión" que con el BOE en la mano no resulta del todo justificada. La parte contraria no debería usar como munición desde la primera refriega términos tan poderosos e inapelables como "libertad" o "totalitarismo". Puede ser que la polémica y la resistencia contra la asignatura tengan mejor sostén en el hecho de que algunos libros de texto han interpretado tan tendenciosamente determinados contenidos del programa, que han dado la razón a los que temían en la voluntad del legislador una intención torcida. Pero eso será responsabilidad de los autores y, sobre todo, de los profesores y demás autoridades académicas que elijan un manual u otro. Ahí están en feliz competencia la libertad (y responsabilidad) de cátedra y el derecho de los padres a orientar y supervisar la educación de sus hijos en material de moral.
La "judicialización" del conflicto entre partidarios y enemigos de la EpC no aportará ninguna solución. No deberíamos dejar que una vez más el accidente fagocite la sustancia, la ciudadanía se trague a la educación. Es lo que va camino de ocurrir. Si los jueces para salvaguardar derechos fundamentales de los padres afirman que en las aulas los profesores no pueden servirse de "conceptos de indudable trascendencia ideológica y religiosa" como "conciencia moral" o "valores y conflictos sociales" ya me contarán de que van a hablar los de las materias de Humanidades.
Si hay un asunto público que debería quedar absolutamente fuera de la lucha política es este de la educación, que resulta ser, por cierto, el último reducto de los políticos cuando las circunstancias les obligan a proponer soluciones. Todo termina confiándose a la educación. Pues si tan decisiva es -y lo es- para el futuro de nuestra sociedad, pónganse de acuerdo: abran un gran debate, reconozcan unos y otros que se han equivocado. Y sobre todo, hagan leyes que dejen a la escuela ser la cosa sencilla, eficaz y creadora de ilusión y ejemplos que debería ser.
LA SABIDURÍA DE LAS PRIMARIAS EN EE UU
De vez en cuando, aunque no con la frecuencia deseada, hay procesos que se encaminan solos aunque nadie los haya dirigido en su ruta. Eso parece estar ocurriendo en las elecciones primarias en los Estados Unidos. Desde hace más de dos meses, el camino electoral ha enlazado sorpresa tras sorpresa, especialmente dentro del Partido Demócrata. La primera tuvo lugar el 3 de enero con la victoria inesperada de Obama en Iowa. Cuatro días más tarde, Hillary Clinton recuperaba el ritmo ganando contra todo pronóstico en New Hampshire. Un mes después, el supermartes traía consigo la sorpresa de un empate virtual entre ambos candidatos, en lugar del triunfo definitivo que se esperaba para Clinton. Pero la sorpresa mayor ha llegado este lunes en los estados de Ohio, Texas, Rhode Island y Vermont con un nuevo empate. La Obamamanía se ha ido consolidando caracterizándole como el orador más elocuente de Estados Unidos desde Martin Luther King y JFK.
Mientras, la campaña de Hillary ha parecido hundirse en una extraña parálisis, con gran parte de su equipo electoral sumido en el caos y el descrédito. Las encuestas cada día le daban menos esperanza en Texas y Ohio. Y de nuevo ocurrió lo inesperado y Hillary triunfó masivamente en tres de los cuatro estados. Un nuevo empate parecido al que siguió al supermartes. ¿Ayuda esta doble paridad a una posible victoria republicana del ya candidato único McCain?
Es sencillamente una incógnita. Lo único que queda claro es el enriquecimiento del debate gracias a que la confianza demócrata se ha dividido casi por igual en ambos candidatos. Y aún queda por ver cómo reacciona Obama ante la presión de la nueva situación como virtual ganador y la respuesta de Hillary ya no tan aventajada como lo estuvo en un principio. Una lección puede enseñarle a ser más humilde y rebajar su agresividad, su habitual punto débil.
Del lado republicano el camino expedito de McCain casi desde el inicio sin trabas por posibles escándalos ha constituido una nueva y grata sorpresa.
Otro punto fuerte de estas primarias tan ajetreadas ha sido evidenciar que el electorado americano no se basa en la frivolidad del espectáculo mediático. El pueblo estadounidense es consciente de que una sociedad fuerte no puede existir sin el respaldo de un buen Gobierno. Tanto Obama como Clinton no dejan de recordárselo a los ciudadanos. También McCain se aferra a este argumento.
Por último, el gran beneficio para los espectadores de las elecciones, el resto del mundo, ha sido sin duda ver de nuevo a la cabeza de las libertades y los avances en igualdad social a los Estados Unidos. La candidatura a la presidencia de una mujer les ha vuelto a poner en el liderazgo del movimiento feminista mundial, que encabezó en los siglos XVIII y XIX. También la carrera contra el racismo gana con la candidatura de Obama y demuestra al mundo que en los Estados Unidos se han dado pasos gigantescos para acabar con los vestigios más oscuros del racismo.