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Tristeza de Cuba

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 27 de febrero de 2010, 01:43h
La tiranía de los hermanos Castro se ha cobrado una nueva víctima. Se llamaba Orlando Zapata Tamayo. Era un opositor al régimen que se puso en huelga de hambre y a quien los tiranos dejaron morir. En realidad, no son ellos los únicos responsables del sufrimiento del pueblo cubano aunque sean sus principales autores. Colaboran a la miseria, el dolor y la muerte muchos que desde la cómoda Europa silencian a los opositores y aplauden una dictadura lejana en el espacio y, por eso, encantadora. He aquí la tristeza de Cuba.

Vean la política exterior de Miguel Ángel Moratinos, que ha intentado que la Unión Europea se inclinara más por los Castro que por la libertad. ¿Será que no da resultados la exigencia de cambios en la isla? Hace unas semanas el Ministro decía que la política actual de la Unión hacia Cuba no funcionaba. A veces, la desfachatez no lleva al sonrojo. El régimen de Castro ha gozado de la simpatía y el apoyo de una diplomacia española cuyos profesionales, por desgracia, han tenido que taparse la nariz para no oler la corrupción que emana de la tiranía. ¡Pobre España que goza de magníficos diplomáticos y sufre a políticos mediocres!

Muchos han callado ante la muerte de Zapata como antes desviaron la mirada ante los presidios o los fusilamientos o las torturas. El cantautor sentimental o el bailarín de caderas ardientes desplazan pronto el grito de un pueblo oprimido por décadas de comunismo. Hemos perdido la capacidad de compadecernos, y por eso tal vez no merezcamos salvarnos. Unos acordes de guitarra o una oratoria fácil sobre revoluciones frustradas y guerras de Macondo bastan para que equiparemos a quienes defienden la opresión y quienes luchan por la libertad aun a riesgo de sus vidas. Como si se tratara simplemente de distintas posiciones políticas, como si no hubiese una distancia insalvable entre la democracia y la tiranía. Ahí está la madre de Orlando, huérfana de hijo y más digna que todos esos generales victoriosos sólo en guerras contra su propio pueblo.

Cuba debe evolucionar como deseen los cubanos, pero todos ellos y no sólo los privilegiados del Régimen que se sientan sobre la miseria de las masas. El futuro de la isla deben decidirlo todos los que viven en ella y todos los que tuvieron que macharse, los exiliados, los refugiados políticos esparcidos por el mundo, los desterrados.

José Luis Rodríguez Zapatero –hábil pirotécnico con palabras vacías- ha hablado de derechos humanos sin referirse a él. Cuando el silencio ha sido evidente, ha llegado la equiparación: ha pedido la liberación de ¨todos los presos políticos¨, como si los hubiera de varias clases; como si los opositores hubiesen secuestrado o encarcelado a alguien. El Presidente no se ha atrevido a decir el nombre de quien ha muerto por la libertad –él sí- de todos. Ha callado, así, cuando su voz hubiera debido clamar bien alto por la libertad de los opositores cubanos.

Mi padre y un profesor de Yad Vashem me enseñaron que un militar que mata a un hombre desarmado no es un soldado sino un asesino. A los opositores los están matando tipos que se creen héroes de una gesta guerrera y revolucionaria cuando sólo son carniceros.

Orlando Zapata Tamayo ha muerto y esta columna le rinde un homenaje. Sólo él merece ser recordado aquí y ahora. Que el nombre de sus verdugos se borre para siempre de la Historia

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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