www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Montero Glez o las cosas buenas de la vida

Laila Escartín Hamarinen
jueves 04 de marzo de 2010, 22:54h
No puedo leer el periódico sin ponerme enferma, ni ver la televisión, ni las revistas, y casi no soporto ya ni ir al cine; la radio también se me atraganta, y en general, la mayor parte de las cosas humanas que me rodean en este mundo del siglo XXI me horrorizan. Las palabras: político, ministro, monarquía, democracia, dictadura, comunismo, socialismo, capitalismo, cristianismo, judaísmo, Islam, economía, diputado, moda, actor, premio, (entre otras muchas más) me provocan repulsión, y mirarme al espejo para descubrir que soy un homo sapiens sapiens del siglo XXI me deprime tanto que desaparezco atravesando tres plantas de suelo de edificio, para hundirme irremediablemente en las profundidades de la tierra.

Hoy es uno de esos días en los que existir se vuelve casi imposible. Pero menos mal que hay algunas cosas buenas a las que aferrarme para no tener que imitar a alguna de mis más admiradas poetisas y escritoras.

Montero Glez es una de las cosas buenas de esta vida-de-mierda que me sacan de mi desesperación.

Dicen que antes todo era mejor; no sé si es cierto –que yo recuerde no estuve ahí para constatarlo – pero al menos sé que los paletos analfabetos del Londres Isabelino adoraban ir al teatro a ver y oír las obras de Shakespeare; sin embargo hoy día, el grandioso dramaturgo y poeta es sólo del gusto de los cultos y de algunos profesionales del teatro. ¿Tenían antes más capacidad para discernir lo bueno de lo malo, o es que el pueblo analfabeto se come lo que le echen, sea oro o sea mierda?

Montero Glez es escritor de raza, maestro del lenguaje, mago de la metáfora, rey del ritmo y la fluidez; tan bueno es el cabrón, que ha conseguido que esta lectora, que nunca disfrutó de la novela negra, haya leído su Pólvora Negra sin parpadear, para luego devorar con pasión sus Besos de Fogueo. La novela se le da bien, señoras y señores, pero el relato corto, ¡madre del amor hermoso! El relato corto salido de los esbeltos dedos y el bullente cerebro de Montero Glez es sublime e imbatible. Y no soy yo la única que lo dice, algunos de los más honorables escritores de esta pestilente España dicen que Montero es el mejor.

Gracias, pues, a la Gran Diosa Madre (la única y verdadera) que Montero Glez existe y escribe (en este país de mierda). Dice él (el maestro escritor) que no cree en la posteridad, pero yo creo que se equivoca, estoy segura de que él permanecerá en la posteridad –le guste o no – porque algo tan bueno como lo que él escribe no puede desaparecer sin más cuando la Gran Dama Oscura lo tumbe con su gélido aliento (y que no se dé prisa, que aún tiene el hombre que escribir mucho más).

Y yo, atrapada en la pegajosa red de la melancolía, me consuelo con los títulos de Montero Glez que aún me quedan por leer: Sed de Champán; Cuando la noche obliga; Manteca Colorá; El verano: lo crudo y lo podrido… sin olvidar el que está por llegar Pistola y cuchillo. No sólo escribe de mil maravillas –con la precisión afilada de un cuchillo –, sino que encima encuentra unos títulos que marean del gusto.

¡Viva Montero Glez! Y que viva muchas décadas sin dejar de darle a la pluma para producir ese exquisito y potente texto con su letra de arquitecto (y pa’ colmo de bondades, el tío es encantador y un muy interesante y estimulante compañero de conversación). ¡O-ole!

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios