www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

En apuros. Cataluña campo de batalla zoológico

viernes 05 de marzo de 2010, 22:07h
¿Guerra zoológica en Cataluña? Mientras en el Parlamento pretenden que se suprima la Fiesta Nacional, posiblemente por su nominación de origen, otra batalla pro animales se libra en una casa particular. Pretenden, sobre todo presumamos que el desahucio goza de todas las bendiciones legales, en la calle a dos monos adultos, cabales, acostumbrados a la vida familiar. Y, además, a varios canes, gatos y toda la fauna reunida por Pitito desde hace más de medio siglo.

Su nombre es Eduardo. Su apellido, de alta alcurnia aristocrática, financiera, diplomática, mundana, es Gamir. Apenas un libro publicado, autobiográfico, que debieran ser tres o cuatro tomos y respectivos lomos. Para comunicarnos su vida vivida. Caben varias agitadas y brillantes existencias dentro de los años, camina erguido hasta el centenar, de este hombre universal al que todos conocemos por Pitito.
Su mundo debía haber sido “la belle époque” de Valle Inclán, Rubén Darío, Amado Nervo. Y, siempre, “La Bella Otero”. Sus salones que él llenaba de fiesta, los de Versalles y me quedo corto. Pero él, bien amarrado a los flecos del “decó” lució su ambigüedad bien asumida, por todos respetada, por él rechazada alegando su desprecio a cualesquiera sea la tendencia sexual. Si de niño su madre lo llevaba al parvulario tocado con pamelas varias sus condiscípulos aceptaron respetarlo.

A nadie extrañó que Pitito, así se le conoce en el universo mundo, vista multicolores polleras “colorás” y exhiba rebozos arcoíris y sombreros que envidiaría su amiga Josefina Baker.

Pitito, decorador y animador de vocación, encontró su acomodo en Barcelona, la tierra más asequible para el desarrollo de las verdaderas personalidades. Pitito, imprescindible en todas las calabriadas sociales, era uno de los componentes de la “gauche divine” de “Bocaccio” que se inventó una izquierda reclutada en la jet set por Oriol Regás que, de nacer en Norteamérica, hoy figuraría entre sus personalidades más prestigiosas y empresarios más acaudalados.

Pitito es más conocido en los medios sociales y populares catalanes como la Fuente de Canaletas. Era el abanderado de esos juegos olímpicos de la felicidad cristalizada en viajes, juergas y lujos, de las gentes “bocaccianas” que recorrían el mundo.
De esas excursiones, y escondidas bajo sus vistosos faldones que harían la felicidad de las mesas- camillas, Pitito “transportaba” clandestinamente- permisiblemente, simios de diversos países, Dos de ellos, entre los treinta y cinco y cuarenta años de edad, respectivamente, son los compañeros fieles y testigos de casi medio siglo de su biografía, Pitio convivió en sus domicilios barceloneses con docenas de gatos, canes, cachorros de león, panteras. ¡La selva en el centro de la Ciudad Condal!
Pitito, actualmente, es lo máximo que puede alcanzar el ser humano: amigo. Y, medio andaluz, se tomó muy en serio los versos de Pemán:
“Y es que Andalucía es una señora de tanta hidalguía que no le importa lo material”.

Y ese es el lema de nuestro personaje al que no le importa que a veces, los necios lo tomen a guasa. Pitito es respetado por los que se hacen respetar, El mismo, ride payaso, ríe con los que creen que sus cosas son de risa. La vida es risa, cosa difícil de conseguir lo tragedia.
Pitito se olvidó del dinero, que tuvo durante toda su existencia. Las circunstancias de lo hicieron recordar en estos días. No deseamos, ni creemos, que él y sus “hijos”, los fidelísimos animales que lo acompañan, terminen desahuciados en medio de la calle. Resultaría un espectáculo demasiado grotesco para ser presenciado. Pitito espera los acontecimientos con ejemplar serenidad. Con una sonrisa. Con el mismo rictus jubiloso que le caracterizó siempre.

Una sonrisa correspondida por sus múltiples amigos. Que no dejarán que se produzca la procesión de las sombras a la que la vida pretende condenar a Eduardo Gamir. Todo un señor, todo un caballero. Si se disfraza es para hacer felices a los que lo rodean. Este bohemio de lujo es nada menos que todo un hombre. Y nada menos que un amigo, palabra en extinción- ¿Conocen?



¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios