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El azucarillo de Bergson

Mariana Urquijo Reguera
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lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
sábado 06 de marzo de 2010, 15:49h
Vivimos en un tiempo en el que todo pasa rápido, casi sin poder asirlo, reteniéndolo el tiempo justo e indispensable para decir que lo vivimos y si se puede, para sacar una foto. Vivimos rápido y las tecnologías que pueblan nuestras casas, centros de trabajo y coches, nos ayudan a acelerar más y más los procesos propios del trabajo, de las relaciones y de la vida en general. O eso creemos.

Hubo un filósofo de nombre Henri y de apellido Bergson que llamaba la atención sobre lo que duran las cosas. Observaba que una misma acción puede ser vivida con diferentes duraciones, dependiendo de la implicación de la persona, si lo vive con pasión, con desidia, con alegría o tristeza. Por eso, a veces las cosas alegres parece que pasan muy rápido y también decimos que las tristes se hacen eternas.

Esta concepción del tiempo como verán ustedes es muy flexible y plástica, diría que hasta dúctil, comparado con la medida siempre igual y repetida de los relojes, que se empeñan en decir siempre lo mismo.

Bergson para explicar la duración pone el ejemplo de un azucarillo que se disuelve en un te o en un café. Si observan, podemos remover todo lo que queramos el café, pero el azucarillo se tomará su tiempo para disolverse y poco podremos hacer nosotros para acelerar el proceso. Este tiempo que se toma el azucarillo es un ejemplo de cómo todo acontecimiento de nuestras vida tiene su tiempo, se toma su tiempo. Un tiempo que puede ser vivido como un instante o como una eternidad, pero al fin y al cabo de trata de un desarrollo en el tiempo, que a veces se puede acelerar un poco y a veces se puede ralentizar un poco, pero más que intervenir en el proceso de disolución, se trata de ser conscientes de cómo vivimos ese tiempo: con qué intensidad, con qué emoción, con qué espesor espiritual.

Y aunque parece que todo en esta vida tiene un tiempo en el que se desarrolla y que se puede medir, Bergson da la vuelta a la situación e invita a sus oyentes y lectores a ser conscientes de ese tiempo que no se trata de medir sino de vivir conscientemente.

Se me antoja que hoy vivimos un tiempo en el que no apreciamos esa duración, es decir, esa vivencia del tiempo, sino que sólo pasamos por el tiempo y miramos los relojes para localizarnos y que nos digan las agujas qué toca en cada momento. Pasamos la vida sin que la vida nos pase, corriendo sin ser conscientes de ese tiempo interior que late siempre de modo diferente. Pensamos que vamos más deprisa por no reparar en como sentimos lo que vivimos; pensamos que aceleramos procesos por hacerlos más automáticos; pensamos que vivimos más rápido porque no somos conscientes.

Mariana Urquijo Reguera

Filósofa, profesora e investigadora.

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