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Días felices en Argüelles

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 07 de marzo de 2010, 16:24h
Llevaba varios días pensando si comentar o no la noticia que el Pueblo de la Libertad (PdL), el partido de Silvio Berlusconi, no podía presentarse a las elecciones regionales en Roma y tampoco en Lombardia. Le dí vuelta, me planté escribir una nota cortita pero luego pensé: de verdad, ¿hay alguien que se cree que el “gran dictador” permita que pase esto? Estaba claro que no iba a suceder eso y que este Gobierno iba a garantizar su readmisión por decreto ley (el único instrumento que utiliza para gobernar el país: adiós democracia representativa…): Italia es un país acostumbrado a “engatusar las leyes”, considerándole como “meras referencias”, un “cuadro informativo” que nunca representa un límite, al máximo una sugerencia sobre una conducta que asumir. Desde luego, el inciucio ha sido solucionado con más aprensión y suspense de lo necesario (¿alguien sigue pensando que Napolitano sea una persona de izquierda? Yo, dudo hasta de su imparcialidad…). Los Ministros nos estaban avisando de que iban a buscar un expediente, un subterfugio: “No aceptaremos nunca una sentencia que impida votarnos. Estamos dispuesto a todo” (La Russa, Ministro de la Defensa), “Es absurdo. Me quieren atacar a mí” (S. Berlusconi: pregunta personal Y ¿Cómo? ¿exigiendo que se respecte una ley?!), “La exclusión sería un vùlnus a la democracia” (R. Maroni, Ministro del Interior). Mientras tanto la maquina propagandística berlusconiana atacaba a la oposición, a los rojos, a la Magistratura izquierdista: coño, costaba tanto admitir un error, pedir disculpa y evitar la aburridísima retórica de una derecha a la deriva. Además interpretando las palabras de este Gobierno parece que exigir el respeto de las leyes, de la reglas significa ser de izquierda. Pues, a mi pesar, no me lo creo.

No merece la pena contar más detalles sobre una historia aburrida y con final descontado: sin embargo, lo que más me ha divertido, han sido las afirmaciones de Alfredo Milioni, encargado de llevar las listas a la oficina romana e inscribir al partido. El hombre no lo hizo y tuvo que justificarse. Bueno, en primer lugar, dijo que en el sitio había cola, pues se largó a comer un bocadillo. La vida tiene sus prioridades. Luego, afirmó haber salido porque se había olvidado los símbolos: claro, a uno le da vergüenza ir por la calle con una bandera con la cara de Berlusconi pintada o que diga “Forza Italia”. Pero, después de ser objeto de mofa y befa general en Internet, Milioni cambió su versión: “Me amenazaron algunos miembros del partido radical”. E Italia grita al escándalo: pero de verdad, ¿hay algún periodista que se crea una historia turbia, hecha de amenazas e intimidaciones? ¡Qué miedo! Venga ya. Finalmente, parece que el hombre, “héroe por accidente”, tuvo que salir para modificar algún y otro nombre de la lista. ¿Falsificación de firmas? Pinta a delito. Pero tampoco tan grave para nuestros standards. Asimismo resulta divertido el grito de batalla del PdL: “la burocracia no puede asesinar la democracia”. Pese a considerar “la burocracia una máquina gigantesca manejada por pigmeos”, creo en la necesidad de algunas reglas, un mínimo de legalidad. Pero entiendo que el argumento pueda resultar incómodo a quien está acostumbrado a la cultura de la ilegalidad, del apaño y del engaño. Pero basta ya hablar de un asunto de que estaba cierto cerrarse con la clásica “solución a la italiana”, como efectivamente ha sido. Vaya imagen.

Pues esta semana pensaba escribir sobre un manifiesto caso de “manipulación o información interesada”: en el informativo de RAI 1 (Televisión de Estado al estilo estaliniano), el director Augusto Minzolini afirmó que el abogado David Mills, implicado en el caso de corrupción en que está involucrado el Presidente del Consejo, ha sido absuelto. Merece la pena aclarar que una prescripción no es una absolución. Jamás: Mills cometió el delito, es decir mintió en sus declaraciones y cobró después por ello un soborno de Berlusconi (600.000 dólares); sin embargo, el crimen de corrupción judicial ha prescrito. Minzolini no es nuevo a estos errores o informaciones distorsionadas (la apología de Craxi se considera una de sus obras maestras) ha sido denunciado ante el colegio de periodistas. No se trata de tecnicismo jurídico, sino de una diferencia sustancial. Las palabras son importantes y el crimen ha sido cometido. Pero bueno, en Italia nadie le da importancia a eso y, sin una alternativa política digna de su nombre, Berlusconi aumenta el consenso entorno a su persona, utilizando los medios de comunicación como mejor considera. Esos son los momentos en que me alegro de no poder ver la Televisión italiana. Pero, la gente si y si que se cree lo que estos personajillos dicen…

Por cierto, el titulo: no se trata de un homenaje a Paco Umbral, sino de un sentido agradecimiento…

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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