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El rayo que no cesa

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 07 de marzo de 2010, 22:16h
Miguel Hernández escribió en la pared de la enfermería de la cárcel de Orihuela, cuando ya agonizaba por el carnívoro cuchillo de la tuberculosis: “Adiós, hermanos, camaradas, amigos/ despedidme del sol y de los trigos”. Sus últimos versos, sus ultimas gotas de sangre en un testamento que unía compromiso político y aliento poético. Tenía 31 años y los carceleros franquistas dejaron que le embistiera la muerte, toda llena de agujeros, por haber militado en las filas republicanas. Tristes guerras.

Ahora se cumplen cien años del nacimiento del poeta y toda España, todo el mundo literario celebra con entusiasmo ese homenaje tan merecido y que tanto ha tardado.

Miguel Hernández, sobre el lomo de sus cabras o tras los barrotes de la cárcel, en papel de estraza y con la punta de un lapicero carcomido, deslumbró con “El rayo que no cesa” o “Cancionero y romancero de ausencias”, sus dos obras magistrales. Y esas “Nanas de la cebolla” todavía estremecen como el grito de desesperación y dolor de un padre que se entera, encerrado en una celda, de que su hijo sólo tiene para comer pan y cebolla. “En la cuna del hambre/ mi niño estaba/Con sangre de cebolla/ se amamantaba”.

El aire es viento de tragedia. La tragedia de la guerra civil española.

Setenta años después, la España de la democracia aún se emociona con los versos del “Rayo que no cesa”: “Como el toro te sigo y te persigo,/ y dejas mi deseo en una espada, / como el toro burlado, como el toro”. La elegía a su amigo Sijé, a quien tanto quería, “Yo quiero ser llorando el hortelano/ de la tierra que ocupas y estercolas, /compañero del alma, tan temprano....Quiero escarbar la tierra con los dientes/quiero apartar la tierra parte a parte/ a dentelladas secas y calientes”. Cientos de poemas de amor, de dolor. “Con tres heridas yo/ la de la vida/ la de la muerte/ la del amor”. Miles de hermosos versos que han convertido a Miguel Hernández en un poeta reconocido y admirado por todos.

¿Y qué homenaje le hubiera dedicado la España actual, la oficial, la España de Zapatero si Miguel Hernández hubiera empuñado las armas en el bando franquista, si los “Vientos del pueblo me llevan” se hubiesen convertido en una canción fascista? ¿Hubiera Serrat cantado un disco con sus poemas? ¿Le hubiera dedicado El país unas páginas especiales, tan cuidadas y excelentes como las publicadas en el suplemento de este domingo? ¿Se hubiera preocupado el Ministerio de Cultura de organizar actos por media España?

Miguel Hernández podía haber escrito hoy lo mismo que hace ochenta años: “Hoy sólo tengo ansias/ de arrancarme de cuajo el corazón/ y ponerlo debajo de un zapato”.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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