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Más estulto que mentira de indiano

jueves 11 de marzo de 2010, 18:38h
El maestro Quevedo vino a escribir, más o menos, estos versos:

“Fue más eterno que paga de tramposo
más estulto que mentira de indiano
más sucio que pastel de verano
más necio y presumido que un dichoso”

Seguro que no estaba pensando el contrapunto de Góngora en ninguna persona en concreto. Quizás lo hacía en muchas a la vez. O, tal vez, sus versos aún no tenían destinatario, que había de nacer largo tiempo después y, según la profecía de Nostradamus, entre montañas y valles.

Y a usted, señor lector, con absoluta certeza, no le viene nadie a la cabeza tras releer con atención el cuarteto.

Tal vez, señor lector, se le alcancen muchos candidatos ante semejante descripción de la personalidad de un ser insignificante y torpe. Abandone la maldad y no retuerza las palabras para querer leer lo que no dice.

Quizás le recuerde a los chiripitifláuticos –el Capitán Tan y Valentina- reencarnados en los máximos representantes de la Unión Europea, elegidos en un casting de una empresa de publicidad búlgara que aún no han aprendido a dar dos pasos de baile seguidos.

Es posible que le rememore a un pepele bananero, cebado con hamburguesas de cerde de Koljost estalinista, de tripa inabarcable sobre fondo de camisa colorá. Un “bocas” de nariz sobrepasada acostumbrado a mentir.

Puede ser que a su mente alcance cualquier bobo que muestra orgulloso geranios de colores vivarachos en su balcón abierto a dos calles. La historia del cine es rica en personajes de carcajada que conservan su cara de póker ante sus propias tontadas y de otros muchos que se ríen de sus propias gracias. Hay incluso alguna creación antológica como la de Peter Sellers en “Bienvenido Mr. Chance” encarnando a un jardinero de limitadas luces capaz de movilizar regimientos de científicos ensimismados ante sus inescrutables sentencias repletas de vaciedad. No le extrañe que sujetos como Mr. Chance obtengan el mayor reconocimiento incluidos doctorados honoris causa y placas conmemorativas.

Aún nos queda la ironía y, sobre todo, dar rienda suelta a la imaginación. Y no nos abandonemos a la nostalgia melancólica del perfil bajo. Tampoco nos dejemos arrastrar por el pesimismo desconsolado e inopinado pues igual hay quien sea capaz de hacer bueno a nuestro personajete carnavalero. Ni nos guiemos por el incontrolado optimismo pues Homer Simpson, después de cuatrocientos cincuenta y dos mil capítulos, aún no ha muerto y conserva la misma cara aburrida que en el primero.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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