Hazme una señal
viernes 12 de marzo de 2010, 19:15h
El leguaje no verbal es clave en muchos tipos de comunicación. En política, el arte de manejar las manos, de armonizar los gestos y de utilizar las miradas, es interiorizado tanto por seguidores como por detractores. Se pueden ganar muchos puntos si se controla la postura corporal, se dosifica la sonrisa, y en los momentos justos se ponen caras de incredulidad, asombro, seguridad o acusación. Pero fuera del discurso, hay muchos otros tipos de señales no verbales susceptibles de interpretarse de maneras muy dispares, como por ejemplo, el dedo sobre la ceja de aquella mediática campaña electoral de ZP; la famosa mano de Boris Yeltsin en el culo de una periodista antes de subirse al atril; los cuernos de “Il Cavaliere” Berlusconi en la foto de una ‘cumbre’ europea; o el dedo corazón al aire del ex-presidente Aznar a la salida de una conferencia. Sin embargo, en la actualidad, por mucho que algunos medios solo quieran vender e influenciar con “parole, parole” y con tanta interpretación de Óscar, necesitamos alguien que en esta casa sin barrer se comprometa a gesticular de verdad para decir algo claro y conciso como: “leedme los labios, no más paro”; aquello de “no más impuestos” parece que ya no va a ser posible: luz, iva… Hablando de mensajes claros y concisos, los captados con el olvido de los micrófonos abiertos, eso si son los más jugosos para el mercado.
Cualquier gesto puede tener una doble lectura y los más inadecuados, inapropiados, y sobre todo ofensivos, son los más comerciales y polémicos. En el mundo del deporte existen casos sonados como el del jugador de fútbol Belletti, que como respuesta a su crítica afición del Chelsea llegó a hacerles hasta siete cortes de manga para celebrar un gol. También Schuster, con la camiseta del Barça y en la final de la Copa del Rey de 1983, le regaló dos al Real Madrid… donde después sería jugador y entrenador. El internacional y polémico jugador alemán Stefan Effenberg, al ser sustituido en un partido del mundial del fútbol de 1994, incitó al público que le abucheaba mostrándoles el dedo en su camino al banquillo; fue expulsado de su selección. Cristian del Corinthians fue denunciado por celebrar un gol corriendo por el campo con los dos dedos corazones al viento… Sin embargo, a la mayoría se les hace la vista gorda, en ocasiones con un pequeño tirón de orejas en forma de multa, y se les pasa por alto; y es que la lista es larga; Cassano, Totti, Giovanni, Van Bommel, Van Nistelrooy, Touré Yaya, etc…
Pero no solo lo hacen los jugadores, entrenadores y directivos han llegado a caer más o menos en gracia con gestos supuestamente ofensivos. La palma se la lleva, como siempre, Maradona que desde el ventanal del autobús del equipo, ha llegado a hacer gestos propios de una felación a periodistas y seguidores; Fabio Capello, en su etapa de entrenador del Real Madrid, enseñó el dedo a cierto sector disconforme de la grada merengue, al igual que Schuster, que volvió a sacar el brazo a pasear de manera tajante dedicándoselo a los aficionados del Osasuna antes de cantar el alirón. La verdad es que los hay de muchos tipos, incluso lights o disimulados, como el protagonizado por el ex-entrenador del Betis Paco Chaparro. Pero después de todo, si llega Luis Aragonés, también pillado infraganti varias veces, y explica con rictus serio en televisión la diferencia entre un ‘corte de manga’ y una ‘peineta’, pues todos tan contentos, quedando además su imagen reforzada. Muchos deportistas y entrenadores echan balones fuera o se arrepienten diciendo que están sometidos a mucha presión, y que fueron víctimas de la provocación, de la difamación y que estaban ‘enajenados’… así casi todos les indultamos, e incluso con una disculpa pública, el tema queda mucho más que zanjado.
Pero podríamos seguir indagando e intentar ver los matices a la hora de interpretar ese mal gesto con la intención de dar un juicio unánime. El análisis de las circunstancias, y las razones y maneras podrían hasta casi exculpar popularmente al responsable del agravio. Las razones de estos deslices pueden ser innumerables: por agresión, por gritos, por insultos, por descalificaciones, por provocación, por chantaje,… También pueden ser diferentes los objetivos a quien vaya dirigido: a la prensa, al jefe, al entrenador, a un compañero, a los periodistas, a cierto grupito, a las cámaras, al país entero, a un amigo… Y lo más importante, los modos, que marcan quizás las escalas en la intensidad del “que te den”: con desprecio, con arrogancia, con chulería, con frustración, con el dedo estirado en el bolsillo del pantalón, tapado por la propia espalda… Pero está claro, en muchos casos, como el de Aznar, son “calentones del momento”; sí, inaceptables en una figura política y pública, pero comprensibles por muchos electores cualesquiera que en algún momento de su vida han puesto en duda eso del “nunca digas (hagas), nunca jamás”… ¿Es tan fácil controlarse? Y cuando le sacan de verdad de sus casillas, ¿usted qué hace? A veces uno se sorprende a sí mismo, no se conoce del todo… El mundo entero se sorprendió al ver el cabezazo de Zidane habiendo sido éste un futbolista ejemplar durante toda su carrera, eso sí, quedó bien amarga su auto-despedida. Pero está claro que lo más difícil en esos casos es ignorar la afrenta, ser educado y hacer “a palabras necias oídos sordos”, como decía la abuela. Sería lo más inteligente y elegante, lo que exaspera al rival que acabaría rindiéndonos sus respetos.
Pero como decía el abuelo “tiene que haber de todo”, algunos solo quieren ganarse ese respeto a través del dinero, dejando a un lado los modales. El dirigente y propietario del equipo de fútbol americano de los Tennessee Titans, Bud Adams, ha llegado interpretar un espectáculo paralelo al del campo haciendo gestos inapropiados desde su palco con premeditación y regocijo. Para algunos, se ha convertido en un auténtico ídolo local y le aclaman desde las gradas a la espera que les dedique una de esas series gestuales digitales que están muy lejos de ser las tácticas de su equipo. Seguro que algún espectador volviendo del estadio camino a casa tendrá la tentación de levantar su dedo a través de la ventanilla, tanto como respuesta a las habituales infracciones y errores de tráfico como por pura mofa, como algo divertido y natural. Hay que tener en cuenta que cuanto más arriba se muestre, mayor repercusión y relevancia... Y al volante, total, si lo ha hecho hasta Kimi Raikonen desde la cabina de su Fórmula 1 en una maniobra de adelantamiento…
Parece que las peinetas se colocan sin distinción entre clases, posición social ni dinero, abarcando realmente a todos. Pero hay otros gestos más comunes con igualmente mucho significado y posible provocación: ¿Por qué no te callas?, pareció decir Raúl González a todo el Camp Nou celebrando un gol con el dedo índice sobre su boca. Y de verdad que hay muchos que no crean tanta controversia: El jugador de baloncesto Berni Rodríguez se toca la oreja dedicándole cada triple a su pareja; los recientes papás se chupan el dedo o hacen la mecedora dedicando el tanto a sus bebés; los agradecidos reconocen el pase con el pulgar hacia arriba o señalando al compañero; algunos besan su anillo, y otros con tan solo una mirada al cielo lo dicen todo. Está regular nuestra sociedad para hacer hincapié en lo vulgar y lo impropio, claro, suele haber muchos intereses. Solo faltaría que el reportero, en vez de sugerir lo de “¡unas palabras, por favor!”, pase a incitar con “¡hazme una señal, polémica, por favor!”, o que pacte los gestos, como los posados de las fotografías. La imagen, o en este caso el gesto, vale mucho más que un millón de palabras, pero no mucho más que los casi 5 millones de parados al que nos acercamos, seguro que alguno saca su ‘manita’ política a relucir. Con tanta tormenta perfecta esperemos que escampe pronto.