2010: ¿El año de Turquía?
Álvaro Ballesteros
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cronicasdelmundogmailcom/16/16/22
viernes 12 de marzo de 2010, 21:53h
Leo a diario la prensa europea internacional y sin duda uno de mis periódicos favoritos es el Hürriyet Daily News: un diario en lengua inglesa fundado en Turquía en 1961. El Hürriyet Daily News (uno de los mejores proveedores de noticias del continente) empezó 2010 con un nuevo equipo de editoras: Evrim Sel, Gul Tuysuz, y Safak Timar, tres jóvenes profesionales comprometidas por reforzar aun más el perfil de su periódico como punto de referencia de la información en Europa. Tres mujeres con hambre de futuro y éxito.
Pero no solo ha empezado 2010 bien para el diario Hürriyet Daily News; Turquía parece estar en uno de sus mejores momentos, a pesar de ciertas tensiones políticas (aparentemente consustanciales al sistema institucional turco, tal vez como al de otros grandes países del sur de Europa). La república fundada por el mítico Ataturk marcha a pasos agigantados a la conquista del siglo XXI, afianzándose como uno de los actores internacionales de mayor interés a nivel mundial. Miembro indiscutido del G-20, Turquía es ya un referente geopolítico, estratégico y comercial en regiones de creciente relevancia como el Sureste de Europa, el Mar Negro, el Cáucaso, Asia Central, Oriente Medio y África. Su proyección exterior es cada vez mayor en un mundo más y más competitivo, donde la percepción de que “a nadie se le regala ya nada” gana terreno día a día.
2010 parece ser el año de Turquía, cuya ciudad más emblemática, Estambul, es desde el 1 de enero Capital Europea de la Cultura. La “ciudad universo” reina así en Europa como lo que es en realidad desde hace siglos: una de las metrópolis europeas por excelencia. La serie de eventos culturales programados para celebrar su elección como Capital Europea de la Cultura harán que el mundo se siga fijando en ella, de modo aun más intenso.
El año ha empezado bien además en el plano político, con Ankara ocupando uno de los puestos no permanentes asignados a Europa Occidental en el Consejo de Seguridad de la ONU, y con España como presidenta de turno de la UE, dispuesta a impulsar decididamente las negociaciones para la entrada de Turquía en la Unión. El Primer Ministro turco Recep Tayip Erdogan (junto a una delegación de 10 ministros encabezados por el titular de Asuntos Europeos, Egemen Bagis) visitó nuestro país en febrero y se llevó de su viaje precisamente lo que buscaba: el compromiso claro de que España seguirá siendo un aliado destacado para las aspiraciones europeas de Ankara.
En este sentido, la designación a finales de 2009 de Lady Ashton como la nueva jefa de la diplomacia europea, tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, supone otra buena nueva para Turquía, ya que el Reino Unido es otro de los grandes defensores de la candidatura turca a la entrada en la UE, y no se espera de Lady Ashton sino que sea un punto de apoyo claro para las aspiraciones turcas. Claro que quizás sea esto mucho esperar, visto lo visto desde que la insípida británica se hizo cargo de la política exterior de la UE. Un nombramiento el suyo, aplaudido en su momento por Zapatero y los defensores del sectarismo ideológico (“es mujer y socialista”) pero que ya ha decepcionado a todo el mundo, pasados tan solo tres meses desde el anuncio de su designación. Todo un record del que deberían dar cuentas los líderes que impulsaron su nombramiento a finales de 2009. Aunque eso, en la UE de los “mil y un Zapateros”, se vea a día de hoy como un imposible…
Y volviendo a Turquía, el mismo año que la película turca “Miel” (del realizador Semith Kaplanoglu) se ha llevado el Oso de Oro de la Berlinale, el parlamentario turco Mevlut Cavusoglu ha tomado posesión como Presidente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, la institución paneuropea fundada en 1949 (independiente de la UE) y que es la organización internacional más antigua en el campo de la integración europea. La elección de Cavusoglu marca un hito en el ascenso de Turquía en Europa. Parece que lo turco está de moda.
2010 comenzó además con la cumbre de Ministros de Defensa de la OTAN en Estambul, donde se acordaron las líneas maestras y los compromisos de los Estados participantes en la operación ISAF de la Alianza en Afganistán, sin duda el mayor desafío al funcionamiento de la OTAN desde 1999. Un reto que el danés Anders Fogh Rasmussen, el decimosegundo Secretario General de la Alianza, asumió en Estambul con ansias de victoria, justo antes del inicio de la operación Moshtarak (“Unidos”) contra el principal bastión talibán en el suroeste de Afganistán. El desafío para la OTAN es de dimensiones titánicas, y el esfuerzo diplomático de Turquía con los principales actores de la región (facciones afganas, paquistaníes e iraníes) es sin duda una pieza esencial para llegar a buen puerto en un futuro cercano, como busca la estrategia inaugurada en 2010 por la Alianza Atlántica.
El año empezó también con el anuncio de que la agencia informativa paneuropea “EURONEWS” iniciaba la emisión en lengua turca de sus noticias, haciendo del turco la octava lengua europea de trabajo en dicha agencia, junto al inglés, el francés, el español, el italiano, el alemán, el portugués y el ruso. Además, el Secretario General de la ONU (el sumamente gris Ban Ki Moon) ha decidido ponerse las pilas en 2010 e impulsar de nuevo las negociaciones sobre el tormentoso proceso de reunificación de Chipre, en el que Turquía es uno de los principales actores. Ankara fue además sustancial en el apoyo al fallido Plan Annan de la ONU en 2004, abandonado tras el rechazo greco-chipriota en el referéndum en el que los turco-chipriotas votaron masivamente a favor de la reunificación (como recordaba William Chislett recientemente en un clarividente artículo en este mismo diario). El gobierno turco de Erdogan sigue impulsando (desde su óptica, coherente con la defensa de sus propios intereses nacionales) el proceso para superar las tensiones en el seno de la UE por el contencioso de Chipre, y la propia ONU parece decidida a imprimir velocidad al tema, tal vez consciente del inmenso riesgo de que los líderes de ambas comunidades en la isla tiren la toalla esta primavera (y Rusia se decida a reconocer la independencia de la “República Turca del Norte de Chipre”) dando la puñalada final al proceso de reunificación de la isla, frenado hasta ahora por el maximalismo de las reivindicaciones greco-chipriotas y la miopía de la propia UE.
En otro tema de gran importancia estratégica, el acuerdo alcanzado a principios de 2010 por el Presidente turco, Abdullah Gul, y su homólogo ruso, Dimitri Medvedev, para impulsar las negociaciones sobre un acuerdo entre Armenia y Azerbaiján por el contencioso de Nagorno-Karabaj aumentan aun más el perfil estratégico de Turquía, que se convirtió hace tiempo en pieza clave para la estabilidad en el Cáucaso, además de vínculo esencial para el suministro a la UE de energía proveniente de Kazajstán, a través del oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan, que lleva a Europa las riquezas del Caspio.
Aun así, distintas voces en la UE siguen hablando de Turquía exclusivamente como un problema, más que como una solución: como una amenaza, en lugar de como un aliado serio con el que afrontar conjuntamente los desafíos mutuos, que son obviamente más de los que nuestros representantes políticos alcanzan a vislumbrar.
Al margen de las tensiones políticas internas por el desafío del gobierno de Erdogan al tradicionalismo institucional heredado del kemalismo apoyado por el ejército, los hechos muestran que Turquía es un actor en claro ascenso internacional. Muchos en Europa no parecen querer aceptarlo, pero 2010 marca tal vez la consolidación de Ankara como un actor esencial en Europa y en el mundo. ¿Es pues 2010 el año de Turquía? Yo me atrevería a decir que sí.
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Experto en Seguridad Internacional y Política Exterior
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