www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

El saludo

Ricardo Ruiz de la Serna
x
ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
viernes 12 de marzo de 2010, 23:22h
Cuando me lo contaron me pareció un poco chusco, pero luego pensé que tal vez fuese algo más serio. Yo suponía que el saludo entre policías –un acto reglado- era en realidad cosa de disciplina y educación a partes iguales. En las pelis de Mel Gibson casi se abrazan, pero España –por fortuna- es diferente. Aquí el policía corre más riesgo de ser el tiroteado que el tiroteador. El caso es que se va a aprobar una nueva resolución por la que se establecen normas en relación con el uso del uniforme y el deber del saludo.

Verán: antes el funcionario de menor rango saludaba al superior, que debía corresponderle. Es lógico que quien saluda sea, a su vez, saludado. Bueno, pues no. En el borrador de resolución de esto segundo no se dice nada: el subordinado debe saludar y el superior puede quedarse mirando al tendido o corresponderle o pasar de lado como quien oye llover y no se moja. Al subordinado ya no hace falta saludarlo.

Cuando me lo contaron, al principio me dio un poco la risa porque no podía creer que alguien a quien se saluda no responda, sea un superior policial o sea un vecino de mi edificio. Si falla la urbanidad, no hay resolución que la imponga. Sin embargo, me han contado que es cierto: hay jefes que no devuelven el saludo, ni reaccionan ni nada de nada.

Ya saben que me cae bien la gente que entra en los lugares de donde todos salen: los bomberos, los soldados, los misioneros (¿por qué será que los pongo a continuación de los soldados?)… y los policías. Bueno, voy a empezar a hacer excepciones porque no quiero pensar cómo me tratará a mí , que no tengo galones, ni pistola, ni chaleco ni nada más que una simple toga, un tipo que no le devuelve el saludo a un subordinado.

En las Fuerzas de Defensa de Israel, los oficiales avanzan al frente de la tropa cuando entran en combate y por eso es el ejército que tiene más oficiales caídos luchando contra el enemigo. Siempre he creído que quien manda debe ganarse el respeto por sus actos y no porque lo diga un reglamento: el poder sirve de poco sin la autoridad, y ésta se gana de verdad con las acciones.

Espero que los mandos policiales reflexionen porque no es un problema de cortesía –y esto es ya muy importante- sino de respeto. Un viejo proverbio castellano decía que nadie es más que nadie porque lo máximo que se puede ser es hombre –es decir, ser humano- y eso ya lo somos todos.

Así, no está en juego la autoestima del subordinado sino la autoridad del superior, es decir, su capacidad para el mando y su madera de líder.

¿No les parece?

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios