reseña
Tom Lowenstein (ed.): Haikus clásicos. La mejor poesía japonesa
sábado 13 de marzo de 2010, 14:44h
Tom Lowenstein (ed.): Haikus clásicos. La mejor poesía japonesa. Introducción de Tom Lowenstein. Traducción de Remedios Diéguez. Blume. Barcelona, 2009. 176 páginas. 14,90 €
Cuatro grandes autores de haikus se reúnen en esta antología. El primero de ellos, Basho Matsuo (1644-1694), es el pseudónimo del poeta más importante de estas composiciones de origen japonés, nacido bajo el nombre de Kindzaku en una humilde familia samurái. En 1664 estudió la poesía en Kyoto. Abandonada la capital imperial, se dirigió a Edo en 1672 donde, una vez renunciada la composición de renga, se convirtió en el maestro de un género nuevo, “haiku”, claramente influenciado por el Zen. El legado poético de Basho condiciona el desarrollo de la posterior literatura japonesa.
Por su parte, Taniguchi Buson, mundialmente famoso como Yosa Buson (1716-1784), reanudó la tradición de la composición de haikus. Tras estudiar haikai bajo la tutela de Hayano Hajina (1676-1742), uno de los más importantes maestros de dicho género, continuó la línea de Basho. Kobayashi Issa, también conocido como Yataro (1763-1828), nació en la actual prefectura de Nagano en una familia de agricultores. A los 13 años abandonó el hogar paterno para dirigirse a Edo y no volver a la casa natal hasta la edad de 51 años. Autor de más de 20.000 poemas, Masaoka Shiki (1867-1902), finalmente, de nombre real Masaoka Tsunenori, de origen pobre, hijo de un samurái retirado, empezó a escribir sus primeros poemas desde la edad de 12 años. Desde 1892, Shiki se dedicó por completo a componer haiku y a escribir artículos acerca de la poesía tradicional. En 1893 publicó una serie de artículos titulada "Conversaciones sobre la base", en la que criticaba la imagen divinizada de Matsuo Basho, pidiendo una renovación de las formas tradicionales de la poesía japonesa, tanka y haiku. Tras la guerra Sino-Japonesa funda su propia escuela de haikus, cuya tradición se mantiene hasta nuestros días.
El haiku japonés original consta de 17 sílabas, donde el primer verso se constituye de 5, el segundo de 7, y el último de 5 sílabas. La rima no existe. El haiku clásico se construye sobre la correlación del mundo interior del autor con la naturaleza, utilizando kigo, la palabra que describe la estación. Además, siempre debe estar presente un tercer elemento referente a la eternidad. La inmediatez de la experiencia subjetiva del autor responde a las tres preguntas correspondientes a las tres líneas del poema: ¿Dónde?, ¿Qué?, ¿Cuándo? Los autores antologados en la presente edición responden a esas preguntas eternas y reflejan sus preocupaciones, el dolor, la frescura de la mañana invernal, la soledad, la naturaleza de los sonidos, que el mundo contemporáneo ha perdido, con una fuerza especial gracias a la brevedad de la composición, llena de simbolismo.
Cada vocablo, apoyado en las estupendas imágenes de John Cleare y comentarios de Tom Lowenstein de la edición de Blume, adquiere un peso especial en importancia, trasladando al lector al cosmos de la palabra pura, directa, sutil y –quizá– triste.
Por Violetta Brázhnikova