Amenaza terrorista en el Magreb
domingo 14 de marzo de 2010, 17:38h
La expansión del terrorismo islámico por todo el norte del continente africano empieza a cobrar tintes preocupantes. No sólo por la peligrosidad que en sí mismo entraña, sino por las zonas donde se ubican, por lo demás sin apenas control de las autoridades locales. A todo ello hay que unir lo peregrino de sus reivindicaciones, como se ponía de manifiesto a finales de esta semana con el comunicado efectuado por la organización terrorista Al Qaeda en el Magreb Islámico -AQMI- con motivo de la liberación de una de los cooperantes españoles secuestrados hace más de tres meses. En dicho comunicado, AQMI justifica sus acciones por la participación de España junto a “los aliados de la OTAN” en las guerras de Irak y Afganistán y porque gobierna en “Al Andalus, que es una tierra de los musulmanes”. Parece que la Alianza de Civilizaciones no es bagaje suficiente como para que España deje de ser vista como el enemigo.
Con todo, el tema trasciende de lo meramente nacional. España por Al Andalus, Holanda por Theo Van Gogh, Dinamarca por las caricaturas de Mahoma o Irlanda por haber acogido a uno de los caricaturistas son sólo un puñado de ejemplos que ilustran la verdadera cara del terrorismo islámico: no es un fenómeno reactivo, sino parte de una ofensiva teocrático-totalitaria: el resto son pretextos. Por eso –para defendernos mejor- conviene que, cuanto antes, abandonemos la idea de que las bombas de Atocha o los atentados de las Twin Towers tienen alguna relación con los pretextos que aducen y que, satisfechos estos, cesarán los ataques. No ha sido así porque el objetivo estratégico, el texto, de la teocracia totalitaria es otro. El veneno del fanatismo religioso que inoculó Osma Bin Laden a sus secuaces de Al Qaeda en Afganistán y Pakistán se ha extendido al Zagreb, con AQMI por un lado, y al nordeste de África con la organización Al Shabaab, responsable de gran parte de los secuestros en el Indico. Estos últimos son además delincuentes comunes, pero con un poso eminentemente religioso en sus actuaciones, como ellos mismos reconocen.
El problema es de una gravedad extrema. De ahí que convenga abordarlo con la trascendencia que merece, pero también sin complejos. Es un hecho que la Alianza de Civilizaciones ha demostrado ser una entelequia tan inútil como carente de sentido. Bien está el intentar tender lazos con el mundo musulmán, pero, sino queremos caer en un ridículo arriesgado, tenemos que concienciarnos del terreno que pisamos. Ridículo que, por cierto, es el que se ha hecho en situaciones como la del secuestro de atuneros españoles en las costas de Somalia, o las reglas de compromiso del Ejército español en la misión de Afganistán. Contemporizar o dar pábulo a posibles componendas con terroristas como los de Al Qaeda es darles alas. Y la pusilanimidad de la que hace gala el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en toda esta materia no está ayudando a disminuir la violencia: desgraciadamente, la está estimulando. Nadie duda de sus buenas intenciones. Pero también el infierno está lleno de ellas: las conocemos como errores.