Sensatez lingüística en Galicia
lunes 15 de marzo de 2010, 06:43h
El Ejecutivo gallego presidido por Alberto Núñez Feijoo ultima estos días el decreto por el que se modificará la política educativa de la Xunta en materia lingüística. Dicho decreto ya ha sido definido por socialistas y nacionalistas como un ataque frontal al gallego, ante el que no piensan quedarse parados. De hecho, ya se han producido movilizaciones en este sentido, en las que se han podido escuchar todo tipo de exabruptos, y a las que no han faltado figuras tan destacadas como el ministro de Justicia, Francisco Caamaño. El “ataque” en cuestión consiste en dar a los padres la posibilidad de escolarizar a sus hijos en el idioma oficial que elijan -gallego o castellano-, todo ello sin perjuicio del conocimiento de un tercero, preferentemente inglés. Además, se garantizaría por ley el conocimiento de las dos lenguas oficiales a partes iguales; o lo que es lo mismo, bilingüismo en estado puro.
¿Dónde está, pues, el ataque al gallego? Lo que Núñez Feijoo pretende es, simple y llanamente, cumplir con el espíritu de la Constitución, que en el párrafo 3º de su artículo 3 dispone que “la riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección”. Libertad en lugar de imposición parece una receta cargada de sentido común para abordar un asunto, el de la lengua en Galicia, en torno al cual se había creado una problemática tan artificial como estéril. Porque en Galicia nunca ha habido mayor problema a la hora de hablar gallego o castellano; ambas lenguas coexistían en perfecta armonía hasta que el anterior gobierno autonómico formado por PSOE y BNG se empeñó en confrontar con el gallego como telón de fondo. Afortunadamente, Galicia ha optado por la sensatez en lugar del provincianismo, y ello se traduce en iniciativas legislativas que desfacen entuertos anteriores en lugar de ahondar en ellos. Por cierto, que los socialistas deberían hacérselo mirar; gran parte de su electorado no acaba de entender esa íntima comunión con las tesis del nacionalismo radical gallego, y en las próximas municipales las urnas pueden volver a dar más de una sorpresa.