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La OEA ¿vetusta, imperialista y superada?

Marcos Marín Amezcua
martes 16 de marzo de 2010, 16:01h
Los días 22 y 23 de febrero de 2010 se efectuó la llamada ‘Cumbre de la Unidad: América Latina y el Caribe’. En Playa del Carmen, México, se reunieron los mandatarios latinoamericanos y del Caribe (32 en total) para delinear un organismo continental de integración, que excluye ex profeso a Estados Unidos y a Canadá. Lo que resulte verá su nacimiento en 2011.

Es una nueva respuesta a un viejo reclamo que ha cobrado forma: denunciar que la OEA (Organización de Estados Americanos) es, desde su fundación, un mecanismo estadounidense de control continental. En el mejor de los casos no ha resuelto los temas hemisféricos y se presenta especialmente ineficaz para atenderlos.

La punta de iceberg solo es la expulsión y no readmisión de Cuba en su seno, pero eso es lo de menos. Hay que reconocer que ha servido como “ministerio de las colonias” de los EE.UU. y se denota el control de aquellos sobre ésta, desde que está situada en Washington y controla a su burocracia. A diferencia de otros organismos de control mundial creados tras de la Segunda Guerra Mundial, que han debido replantearse su función para salvar su futuro, en la OEA y sus fines y motivos no se mueve ni Dios. Ello incrementa su desprestigio y la extendida percepción de su acuciante inutilidad.

La reunión de Playa del Carmen nos recuerda a José Martí, quien advirtió a finales del siglo XIX que nada positivo vendría de iniciativas estadounidenses “de unión continental” que terminaron legitimando intervenciones y desaciertos de la política exterior estadounidense hacia el hemisferio. Será la primera potencia mundial, pero Estados Unidos ha fracasado en dotar de una imagen renovada y creíble al organismo continental que no es foro, que no es acuerdo, que no es nada como proyecto de interacción y cada vez más, se le cuestiona su gestión. ¿Por qué ellos? Pues porque se empeñan en decir y repetir que efectúa una tarea eficaz.

Ciertamente, estamos hablando de un nuevo organismo que se creará en un futuro próximo. Uno más y ya van muchos, que intentan una integración latinoamericana. Quizás no lo logre nuevamente, quizás nos recuerde el terremoto chileno que no se puede prescindir de EE.UU. o Canadá y lo que es lo mismo: que los asociados no cuentan con recursos suficientes para emprender exitosamente el rescate de nada, pero al mismo tiempo, lo ocurrido en Playa de Carmen demuestra de manera palpable cuatro cosas:

1.- Chávez no ha podido prescindir de México en su modelo integrador ni lleva la voz cantante ante la fuerza de Brasil. La sede fue mexicana, acorde con la política de Calderón encaminada al acercamiento continental y es una muestra de que sin protagonismos, México debe ser parte de todo proyecto regional.

2.- Que México puede apostar a integrarse al sur, si el sur tiene algo interesante que ofrecer.

3.- Que la OEA está desprestigiada y esta vez, así sea por los dólares de Chávez al Caribe, puede ser retada de manera seria y no vociferante

4.- Que Cuba como pieza clave de geopolítica continental no queda a merced de Estados Unidos, que siempre la ha ambicionado, pues es puerta del Golfo, del Caribe y del Atlántico, nada menos; ya sea vista como la fruta madura de Quincy Adams o por el Tratado de Libre Comercio soñado y alardeado por Bush hijo, pero ambicionada al fin y al cabo. No va sola, esta vez.

La reunión de Playa del Carmen, aunque con las diferencias inocultables entre los asistentes, es un relanzamiento diplomático como hacía tiempo no se veía. Una apuesta al futuro, una urgente voluntad de replantear las relaciones hemisféricas. Y Washigton ante eso, se muestra impávido, indiferente e incapaz de leer los nuevos tiempos. La desangelada gira de Clinton por la región apunta resultados más grises que el cemento.
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