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reseña

Isabel Allende: La isla bajo el mar

sábado 20 de marzo de 2010, 00:54h
Isabel Allende: La isla bajo el mar. Plaza & Janés. Barcelona 2009. 544 páginas. 23,90 €
Isabel Allende relata, en estas páginas que componen su última producción literaria, cuatro décadas de la vida de Zarité, una esclava mulata comprada a los nueve años por el joven Toulouse Valmorain, casi un recién llegado a la isla de Santo Domingo desde la Francia ilustrada, pero que no tarda en dejar de lado los reparos sobre la esclavitud que empezaban a resonar en su país natal. La isla bajo el mar, sin embargo, no es una novela sobre el esclavismo, es una historia de mujeres y hombres (tanto esclavos como libres) con identidad, personalidad y aspiraciones propias que luchan por ser dueños de aspectos tan básicos como su cuerpo y su destino.

La novela, que recuerda en estilo y estructura a otras de la misma autora como Retrato en sepia o La hija de la fortuna, es una historia de amor y lucha que utiliza hábilmente el contexto real de finales del siglo XVIII como telón de fondo, pero que hace de los sentimientos su materia prima y la base sobre la que se sustenta el grueso de la narración. Durante los más de cuarenta años que comprende el relato, observamos pasar ante nuestros ojos lo sórdido de la vida en una plantación de azúcar; la rebelión de los esclavos contra los colonos franceses; la persecución de los antiguos amos que lleva a Valmorain a huir a Nueva Orleáns y arrastrar allí a su esclava Zarité; la libertad de quienes al nacer parecían destinados a no ser considerados hombres ni mujeres; etc. Pero lo que la autora nos quiere mostrar, fundamentalmente, son los sentimientos tanto de la protagonista como de un mosaico de personajes secundarios, entre los que destacan las mujeres, que aparecen en esta novela como personajes fuertes, luchadores y valientes.

La apelación constante a las pasiones (de las más bajas a las más elevadas), tan habitual en la novelística de Allende, arrastra al lector, le lleva a “empatizar” con los personajes y lo transporta de forma amena a través del medio millar de páginas de la novela. Destaca la habilidad de la autora para transmitirnos sensaciones casi físicas sobre sabores, texturas, temperaturas, etc. Estos ingredientes, mezclados con momentos de acción, confieren al relato un aire folletinesco, lleno de “buenos y malos”, huidas, traiciones, amor, dramas y aventuras, que convierten a la novela en un texto entretenido y de muy fácil lectura.

Por Eva Hernández Díaz
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