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Homenaje a Oscar Arnulfo Romero

Juan Federico Arriola
domingo 21 de marzo de 2010, 15:44h
“Cuando doy pan a los pobres, me llaman santo. Pero cuando pregunto por qué los pobres no tienen nada que comer, me insultan y me tachan de comunista.” Helder Cámara

El próximo 24 de marzo se cumplirán treinta años del homicidio en contra del destacado y valiente Arzobispo salvadoreño, Oscar Arnulfo Romero.

Este hombre cristiano fue el máximo defensor de los derechos humanos en El Salvador y pagó con su vida una lucha constante en defensa de los más pobres y desprotegidos. No fue un hombre violento, su corazón estaba abierto para todos y habló tanto con represores militares y grupos de extrema derecha como con guerrilleros marxistas. Romero trató de mediar, pero su tarea no fue bien acogida y una bala puso fin a una trayectoria de entrega y santidad.

Cuando fue asesinado monseñor Romero, yo estudiaba el bachillerato en un colegio de hermanos lasallistas y su tragedia cayó como una bomba en nuestras conciencias , precisamente porque su labor pastoral era bien conocida también fuera de El Salvador y se le respetaba incluso fuera de los medios eclesiásticos.

Más de uno se ha preguntado, por qué Juan Pablo II no escuchó a fondo a monseñor Romero cuando éste le visitó en Roma. El papa estaba más preocupado por lo que pasaba en Polonia de lo que acontecía en América Latina. Los más simplistas decían que Romero y muchos como él cabían en la etiqueta de Teología de la liberación, cuando en realidad, los problemas sociales, políticos y económicos de América Latina eran y son muy diferentes a los problemas europeos.

La ultraderecha salvadoreña, obsesionada con el modelo de desarrollo de Estados Unidos despreció las labores y discursos de Oscar Arnulfo Romero. Un hombre de letras como él no fue valorado por las élites dominantes y las guerrillas tampoco le presentaron respeto.

Para mi es obvio que la orden de matar a Romero vino de la extrema derecha, de los dirigentes de los escuadrones de la muerte y no de la extrema izquierda.

El año pasado tuve la oportunidad de visitar dos veces El Salvador, país que no conocía, pero que siempre llamó mi atención porque sus problemas son muy similares a los mexicanos. Allá 14 o 15 familias tienen el control de la economía y de las exportaciones. En México, son 300 familias y uno de sus miembros es “el hombre más rico del mundo” lo cual para mi y muchos otros mexicanos no es ningún orgullo cuando más de la mitad de la población es pobre, y cuando Slim se hizo ultramillonario en muy breve tiempo gracias a los privilegios otorgados por el gobierno de Carlos Salinas. Por cierto ¿qué hace el expresidente mexicano en Madrid?

Monseñor Romero falleció la tarde del lunes 24 de marzo en una capilla que está dentro de un pequeño convento de monjas. Yo tuve el privilegio de estar allá en julio de 2009 y conocí también la habitación que en ocasiones utilizaba el ilustre sacerdote en sus visitas a las monjas y en ese pequeño espacio austero e interesante hay un cuadro que me impresionó: Monseñor Romero ya había alzado el cáliz cuando la bala letal atravesó su cuerpo y la sangre de Cristo se mezclaba con la suya.

Romero, el máximo defensor de los derechos humanos en su patria, que promovió la paz y la cultura es un personaje incómodo para los que desean instalarse de nuevo en el poder y generar más desigualdad social.

Curiosamente, no vi una estatua en homenaje a monseñor Romero, y en cambio supe que hay una estatua del fundador del partido ARENA y promotor de los escuadrones de la muerte. Es claro los gobiernos emanados de ese partido idolatran a un personaje que es mal visto en grandes sectores sociales de El Salvador, en México y también en Estados Unidos.

Paradojas de la vida: los gobiernos militares de El Salvador recibían hace treinta años 500 millones de dólares de Estados Unidos en asistencia económica para combatir las guerrillas. El dichoso plan Mérida que supuestamente es una ayuda de Estados Unidos a México consiste en 400 millones de dólares al año para combatir a los narcotraficantes y el problema de la criminalidad organizada va in crescendo, para infortunio de México, claro.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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