Convergència i Unió coquetea con la mayoría absoluta a escasos meses de las elecciones catalanas, según una última encuesta publicada por La Vanguardia. Para apuntalar la caída del tripartito, los convergentes no pierden de vista al Partido Popular, único socio factible y antiguo aliado durante el Gobierno de José María Aznar. La misma encuesta refleja un derrumbe del PSC y ERC. Sólo falta por conocer de qué forma se materializará el cambio.
Varios factores hacen presagiar el final del mandato tripartito en
Cataluña una vez se celebren los comicios autonómicos de otoño. En primer lugar, el ascenso de
CiU, que roza -según el Instituto Noxa para
La Vanguardia- la mayoría absoluta; en segundo, la alarmante pérdida de puntos de
PSC y
ERC -no así de
ICV- y, por último, que la mayor amenaza al vuelco político, es decir, que los convergentes no logren por sí solos esa mayoría, es cada día más débil mientras el PP de
Alicia Sánchez-Camacho no se cierre a ser la llave que abra a
Artur Mas las puertas de la Generalitat.

El sondeo que publica el diario barcelonés da a
CiU entre 65 y 67 escaños –con el 44 por ciento de los votos-. La mayoría absoluta se sitúa en los 68. Quizá
Mas no necesite a
Sánchez-Camacho y rebase esos 67 en los comicios. De no ser así, la encuesta otorga entre 13 y 14 valiosos asientos a los populares –tres décimas menos que en 2006 en intención de voto-, que darían solidez al nuevo Gobierno en la cámara legislativa catalana.
El pronunciado ascenso de los convergentes es inversamente proporcional a los apuros con los que los socialistas afrontan la recta final de la legislatura.
Pasqual Maragall gobernó con 52 parlamentarios y
Montilla sumó 37 en 2006. Ahora, según Noxa, apenas alcanza los 32 -20 menos que su antecesor- y el 23,9 por ciento del voto estimado. Su principal socio,
ERC, pierde seis puntos y diez de sus 21 escaños. Una caída libre del tripartito que amortigua la tercera pata en el extraño matrimonio:
ICV-EUiA apenas cede un asiento de los 12 con los que cuenta y mantiene sus expectativas respecto a hace cuatro años. Pero, en suma, el bloque tripartito no aspira a día de hoy al poder frente a un
CiU intratable en solitario e invencible en coalición.
Preguntados sobre quién quieren que les gobierne, la mitad de los catalanes prefiere a
Artur Mas, frente a un 30 por ciento que se inclina por
José Montilla. Además, mientras que la nota de
Mas en valoración de líderes no se ha movido del 5,8 desde noviembre de 2008, la de
Montilla ha pasado del 5,6 al 5,1. Los problemas se le acumulan al socialista. En noviembre, el 45 por ciento del
electorado calificaba como buena o muy buena su actuación; ahora, sólo un 32 por ciento mantiene esa opinión.
Desde MadridLa repercusión de esta y otras encuestas, en la misma línea todas ellas, no se circunscribe al ámbito autonómico. Para entenderlo, basta con analizar las consecuencias que estos resultados sembrarían en las calles
Génova y
Ferraz. El Partido Popular es parte imprescindible del Ejecutivo vasco a pesar de no poder plantar cara ni a PNV ni a PSE en las urnas. Fue determinante porque sus escaños significaban el anhelado cambio que socialistas y populares han llevado a cabo finalmente. Del mismo modo, aunque no con los mismos protagonistas, el
PP tiene en sus manos jugar el papel de partido determinante y que haga posible el cambio, en este caso para descabalgar al
PSOE de uno de sus feudos. En dos regiones en las que la formación que preside
Mariano Rajoy era poco más que espectadora del devenir político, puede tomar voz y mando. Dos autonomías complejas, particulares y que desde otoño pueden tener tres cosas en común: bipartidismo, al PP como guardián de la estabilidad de Gobierno y un Ejecutivo de cambio respecto a legislaturas anteriores.
Josep Antoni Duran i Lleida es un sabio diplomático de CiU en Madrid. No se casa con nadie ni cierra las puertas a nada. No obstante, los últimos acontecimientos en el
Congreso de los Diputados muestran sintonía entre el Grupo Catalán y el Popular, como ocurrió en la votación sobre la subida del
IVA. Duran nunca ha reconocido ni reconocerá un acuerdo con los de
Soraya Sáenz de Santamaría en la Carrera de San Jerónimo, pero las similitudes de uno y otro grupo en la dirección del voto y las propuestas hacen muy buena la convivencia entre estos en la capital.
En
Cataluña, las elecciones impregnan el ambiente y todos van contra todos, como ocurrió en el
País Vasco para más tarde enterrar el hacha de guerra y constituir una mayoría para gobernar. Las diferencias, en política, se salvan tan rápidamente, tal y como describió con humor
Jordi Pujol recientemente, al recordar cómo
José María Aznar y él acercaron posturas en su primera legislatura como presidente del Gobierno: "Y entonces se acabó el 'Pujol, enano, habla castellano' y vino aquello de 'Pujol, guaperas, habla lo que quieras'. Él (Aznar) me llama y yo voy. Tenemos largas conversas. La primera secreta, las otras ya no. Le explico lo que queremos y yo creo que teníamos que dar apoyo al Gobierno (estatal) por varios motivos". Del odio al amor en unas “conversas”, en el tiempo que transcurre desde las elecciones hasta la investidura. Las que determinarán el futuro de
Cataluña si sus ciudadanos no conceden a ninguna de las opciones el privilegio de poder gobernar en solitario.
Si
CiU necesita del
PP, deberá pactar. O
Montilla retomará su labor como presidente pese a la ya inevitable pérdida de votos, escaños y simpatías.

En Ferraz, la pérdida de Cataluña tampoco sería un hecho aislado. Es la comunidad que más escaños ha dado a
Rodríguez Zapatero y, aunque no se pueden extrapolar los resultados de unas autonómicas a los de unas generales, la confianza en el candidato nacional y en el regional no parece muy distinta, a tenor de las encuestas publicadas por cabeceras generalistas en Madrid. Además, Cataluña es uno de los bastiones del
PSOE. Otro que podría perder. La tendencia ascendente de María Dolores de Cospedal en
Castilla-La Mancha hace peligrar la continuidad de José María Barreda, como ya informó
EL IMPARCIAL. Otro de los territorios históricos del socialismo,
Andalucía, figura en manos de Javier Arenas, según los últimos sondeos en la región.
Galicia ya se perdió.
En definitiva, si
Artur Mas sabe manejar sus bazas, aprovechará la última oportunidad que su partido le otorga para gobernar en Cataluña. El
Partido Popular puede ser determinante y el
Socialista debe intentar dar la sorpresa. Nadie espera cuatro años más con Montilla en el poder. En Ferraz, la victoria de Montilla es aliento, como la derrota será una estocada de producirse. No sólo
Cataluña está en juego en otoño.