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Propuestas para el pacto por la sanidad

José María García-Luján
lunes 22 de marzo de 2010, 20:25h
He tenido ocasión de compartir desayuno con Belén Quijada en uno de los interesantes encuentros empresariales que organiza el Club NEXO que tan eficazmente preside Alvaro Ramírez y en el que la ponencia corría a cargo de Ana Pastor, vicepresidenta 2ª del Congreso y ex-ministra de Sanidad del Gobierno Aznar.

La ponente, sin duda la mejor ministra de Sanidad que ha tenido nunca este país, ha planteado la conveniencia de alcanzar un pacto político del Parlamento por la Sanidad marcando las pautas de su contenido obligatorio.

Arropada por la viceconsejera de Sanidad de la Comunidad de Madrid y por varios diputados y senadores peperos ha establecido seis puntos del pretendido Pacto:

En primer lugar situó la necesidad de garantizar la sostenibilidad del sistema sanitario, recordando que, actualmente arrastra un déficit superior a los 11.000 millones de euros. Esta situación es una más de las barbaridades calladas que nos produce este gobierno. Su fórmula aplica lo que ella llama “garantía de suficiencia dinámica” y que consiste, básicamente, en acompasar el presupuesto al crecimiento de la población.

Como segundo punto habló de reducir las diferencias interregionales en las prestaciones sanitarias. Oído esto, lo cierto es que uno celebra la formulación de propuestas claras y entendibles, sobre todo cuando se sitúan en el límite de lo políticamente correcto, por valientes y reformadoras.

También habló de obtener mejores resultados en salud a base de potenciar la autonomía de centros sanitarios y de mejora en los sistemas técnicos. Valora la necesidad del estímulo del nivel profesional, y de poner en valor la actuación profesional de los implicados, recordando, como ejemplo, la infrautilización que se lleva a cabo de los farmacéuticos.

Después de ofertar un pacto de contenidos concretos ponderó los aspectos más importantes de la política farmacéutica que debe hacerse. Argumentó la necesidad de un programa marco de fomento de la competitividad de la industria, de la investigación y de las farmacias. Situó la necesidad de una receta médica compatible para toda España y de la implantación de una receta de urgencia. De regular la Agencia del Medicamento y de la necesidad de una ley de oficinas de farmacia que incluya un baremo de autorización única para todas las Comunidades.

También habló de los genéricos, de las EFP y del gasto farmacéutico, sin dejar casi nada en el tintero.

El auditorio, compuesto mayoritariamente por empresarios y profesionales, con particular relevancia de los del sector sanitario y farmacéutico, celebró su claridad de ideas y añoró los tiempos en los que los ministerios eran dirigidos por personas de capacidad y entrega.

Pocos temas tan sensibles como el sistema sanitario español del que, al parecer, no creemos los pocos datos que tenemos porque de tomar conciencia de los mismos caeríamos en una profunda depresión. ¿O ya hemos caído?
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